El lado correcto

Sin que nadie me robe las ideas.
Sin abrir mis puertas a seres extraños
que prometen beldades. Sin torturar
mi pulso firme, cuando mi lengua
ya está húmeda; ni secándola,
cuando ha gastado saliva
en palabras precisas.
Dueño de mí, entre marionetas bailo,
entre perdidas fuentes. No profano
mis palabras ni mis besos.

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