Un regreso

Al caer la noche, guarda en un sobre
sus ganancias, sobre predestinado a viajar, a navegar,
a caer en un buzón lejano como llave maestra que abre fronteras.
Tintinean las monedas encarceladas en el papel,
mientras unos ojos imbuidos por el ámbar
se alzan hacia la ventana y contemplan
una caída lenta de la luz de las farolas
sobre las paredes ceñidas como garganta
de serpiente albina. Entonces,
se imagina navegando de vuelta,
sin herir al cíclope, sin lanzar piedras
ni golpear al policía,
para reencontrarse con su pasado y abrazarlo
con ternura.

Así deshará mentiras y extenderá
puentes hacia la verdad. La invención
superará toda barrera u obstáculo
mientras el sobre, de alas de ángel,
realiza su viaje de vuelta.
En el abrazo materno,
Aisha susurrará,
y en los susurros,
se hallará libre.

Anuncios

Una victoria

Tras vagar entre los acantilados de cristal,
detenida en el tiempo mientras avanza,
vuelve al fuego del hogar con las manos
callosas y doloridas y, sin embargo, capaces
de sostener alimento.
En busca de un ascenso del alma,
tiempo de alcanzar un estado de gracia elevado.
Ascendiendo
por la escalera
quejumbrosa,
Aisha
abandona por fin las lagunas del olvido que no quieren
de su presencia demasiado viva y pesada para sus aguas.

Un Hades

Aisha asalta la calle, entonces saltan
a sus ojos horrores.
Tu infierno, al fin y al cabo
mi infierno, se encuentra
en la calle europea de esponjosa
baldosa.
¿Qué Bosco te trajo, Aisha,
a estas oscuras laderas de cemento
y te abandonó? ¿Qué mafias
te prometieron el paraíso en las entrañas
del abismo cristalino?

Ahora estás sola, rodeada de gente
extranjera, de máscaras ajenas.
Supura el alcantarillado de palabrería
vana, vomitada lentamente
desde la comisura del labio de algún ladrón
trajeado. Llora la farola que contempla
la jeringa clavada en la piel marchita.
El Sol no mira, la Luna calla,
azulada la Aurora y el Crepúsculo
sospechando tras cada esquina.
Ya el niño extiende su mano arrugada
y agarra la tumba desde la cuna.
Lágrimas de gato, sonata pálida,
sombra y palabra olvidadas, impío
sonar de asfalto y neumático,
gloria ajena, éxitos pasados,
ambos malversados, marchitos.
A Europa la raptó un toro blanco,
Europa a ti te ha apresado
entre sus omoplatos descoloridos.

Hoguera

Invocación épica

Los poetas parecen olvidar que, alguna vez, contar
cuentos fue esencial y que contar una historia y
recitar unos versos no se concebían como cosas
diferentes.
–Jorge Luis Borges, en la conferencia “El  Arte de
Contar Historias” recogida en “Arte Poética”

Susúrrame.
Despacio cuéntame tus secretos, Borges,
tus mentiras, divagaciones y leyendas.
Y así saber cómo retomar el pasado,
traerlo a mi mundo al fin.
¿Qué glorias elegir que indiscutiblemente
sean glorias, no quedas promesas?
Allí miro y nada veo.
No encuentro lo que busco.
Pero algo o alguien narraré
que aliente mi paso,
que dé fuerzas a mi ser.
Aisha es su nombre, Aisha
su bandera, santo y seña.

Palas usadas para cavar recientemente

La tumba

I’m diggin’ a grave in the moonlight
I’m diggin’ a grave where we lay
Hopin’ the sun won’t ever come up
And there’ll be no compromise again
Micah P. Hinson, Diggin’ a grave.

Rompe tierra silencios nocturnos,
ahoga los secretos inconfesables
que lanzaron a mis oídos
sierpes negras.

Puerta al vacío recibe la llamada
de viejos amigos olvidados,
de compromisos vacuos
y agonías.

Ni Luna ni Sol comprenderán
dónde fueron mis agravios
con la última palada
a este cielo.

Senda victoriosa

La senda de tus ojos muestra oscuridades
como la arqueada huella de los árboles abrazados
que entre sus troncos dejan un paso terroso
a pesar de que sus ramas se abrazan con fuerza.

La senda de tus ojos abre verdades,
de esas que no brillan con luces fluorescentes,
que estresan desalientos de malhadados
y vuelan entre mentes demasiado despistadas.

Esa senda atraviesa como paso de deidades
mis palabras, las dispersa y disgrega. Me deja
sin sentido, perdido en laberintos de pestañas,
carcomido por tu existir.