Sobre ventas editoriales y el nicho de lectores

Hoy vengo a hablaros de algo que me ha sobrevenido con el paso de mis escuetas publicaciones. Se trata de cómo, lo que a priori parece un sector editorial difícil de acceder acaba siendo el que más beneficios puede aportar y, por contra, el sector editorial más establecido es el que acaba siendo más precario y dificultoso para el escritor.

Mi última publicación ha sido en un nicho realmente desconocido para la mayoría de palabras-veladaslectores, el de los juegos de rol. Palabras veladas ha sido un libro muy especial para mí, pero a la vez, muy diferente a lo que acostumbro a escribir y mostrar en público. Una pequeña historia pensada, no para ser leída sino para ser jugada con más personas, respetando unas reglas basadas en tiradas de dados. Como dije, un tipo de libro que no busca a un lector habitual, sino a uno muy específico.

Frente a este, mis dos libros anteriores, dos libros de poesía que han tenido historias muy diferentes pero muy parecidas hasta ver la luz en una publicación. Voy a comparar la situación como autor en ambos géneros, entendiendo que, si prejuzgamos, el mundo de la poesía es mucho más conocido, mucho más accesible para la mayoría de lectores, mucho más establecido en el mundo editorial y, por tanto, debería ser mucho más provechoso para el escritor.

La realidad, al menos mi realidad, es muy distinta a lo que me podía imaginar. En poesía me he esforzado durante años, he enviado los poemarios a infinidad de concursos y a infinidad de editoriales. Los premios nunca llegaron y el interés despertado en editoriales fue escaso. Además, las editoriales que mostraban interés siempre cumplían un mismo patrón: ninguna era una editorial tradicional. Todas y cada una de ellas eran editoriales de coedición o de autopublicación. En un principio no tengo ninguna queja con este tipo de editoriales, pero sí empiezo a ser muy crítico con ellas en el momento que pretenden enmascarar esta labor editorial y hacerse pasar por una editorial tradicional.

Por si alguien no supiera las diferencias entre editoriales, seré muy breve:

  • Editorial tradicional: aquella que ofrece un tipo de contrato editorial al autor por el cual este último no debe efectuar ningún tipo de gasto monetario y la editorial, por tanto, es la que asume todos los riesgos económicos. Se llama así porque es el tipo de editorial más antiguo.
  • Editorial de coedición: aquella que ofrece un tipo de contrato por el cual el autor debe asumir parte de los gastos que tendrá la editorial para publicar el libro. normalmente el contrato especifica que el autor debe comprar un número determinado de los ejemplares impresos.
  • Editorial de autopublicación: es un tipo de editorial que funciona más bien como un servicio. El autor es el que contrata a la empresa para publicar una tirada de libros y es el que asume todos los gastos.

Como se puede ver, mientras más abajo en estos puntos señalados, menos riesgos asume la editorial y más riesgos asume le autor. Los métodos alejados de los tradicionales sirven para que las editoriales minimicen pérdidas y obtengan beneficios cuanto antes, a costa del autor. Insisto, el problema está cuando una editorial pretende hacerte creer que no tendrás que asumir ningún gasto y después todo se llena de “peros”.

Mi primer poemario fue publicado en editorial de coedición. realmente quedé contento con el resultado. Después de que varias editoriales me intentasen engañar a toda costa, esta pequeña editorial me vino solo con la verdad: la editorial era de coedición, no podía asumir los costes de un género que está en sus horas bajas, la poesía.

Pero me hice una promesa que no sé cuánto tardaré en romperla pero que de momento estoy cumpliendo. Mi segundo poemario, nuevamente, solo despertó el interés de editoriales de coedición y autopublicación así que me decidí a autopublicarme yo solo, sin intermediaros y en digital. La idea era gastar lo menos posible con los mejores resultados posibles, aprovechándome de mi breve formación en edición digital.

Los beneficios totales de estas dos publicaciones no sé si llegarán a estar en positivo, nunca me he puesto a echar cuentas. Lo bueno es que no busco beneficio económico, sino que busco alcanzar a la mayor cantidad de lectores posibles. Lo malo es que he levantado el interés de pocos lectores. No he alcanzado visibilidad real, no he llamado la atención más allá de los pocos seguidores y los conocidos. Y todo se debe a un mercado saturado, el de la poesía. Saturado porque cada vez hay menos lectores, lectores que solo leen o las últimas novedades de las grandes editoriales y las revelaciones de algún influencer.

Lo que saco en claro es que es bastante preocupante la situación de la poesía. No ha sabido adaptarse ni hemos sabido cuidar a los lectores. Se ha perdido el interés en pro del gran género literario, la novela. Sin embargo, las editoriales pretenden mantener de pie a una res que ya casi está moribunda. Es como cuando queda solo la fama de un establecimiento, aunque la calidad se perdiera hace mucho: se busca mantener en pie algo solo por el prestigio de un tiempo pasado.

Por contra, mi situación en el mercado de los juegos de rol ha sido muy distinta desde el principio. Frente al silencio de las editoriales de poesía y las rápidas respuestas de las editoriales de coedición y autopublicación (respuestas realmente rápidas como para creerme que se hubieran leído los libros), en el rol tuve la suerte de recibir un contrato de la primera editorial, no sin mucho esfuerzo detrás.

Tardaron meses en responderme, lo que frente a las rápidas respuestas de las otras editoriales de poesía demostraba que sí que habían tenido tiempo para leérselo. Me dieron una opinión clara, la idea de fondo estaba bien, pero buscaban otra cosa. Me propusieron cambios, me propusieron ideas y me indicaron la dirección en la que tenía que avanzar. Tuve que rehacer todo en definitiva pero lo hice sin ningún problema, era la primera vez que obtenía una respuesta sincera de una editorial tradicional.

Años de espera, trabajo y esfuerzo, todo para sacar la mejor obra posible. La espera valió la pena por el simple motivo de que la editorial creía en mi obra. Una editorial de coedición quiere sacar cuantos más libros mejor, así, mientras más autores publiquen con ella, más autores compran libros y más beneficios obtienen. Una editorial tradicional no funciona así. Una editorial tradicional debe seleccionar con cuidado lo que publica, debe asegurarse de que se corresponde con el nicho de lectores que tiene como objetivo y que les va a gustar, debe asegurarse de que va a tener beneficios no del autor, sino del lector.

Así, en vez de publicarlo en apenas unas semanas, como habría pasado con una editorial de coedición, paso mucho tiempo hasta que he podido ver publicada Palabras veladas. Y la espera mereció la pena. Todavía es pronto para tener información de ventas, pero he tenido mucha más visibilidad con este libro de rol que con todo lo que he intentado de poesía.

Mis conclusiones son muchas pero intentaré ser breve y conciso:

  • Una editorial tradicional siempre va a marcar la diferencia. Va a ser la que luche por las obras de sus autores porque ha trabajado en ellas, las ha seleccionado y las ha cuidado en busca de los mejores resultados para su público objetivo.
  • No hay que despreciar un sector editorial porque el nicho de mercado sea pequeño. Lo importante es que las editoriales sepan cómo llegar a su nicho, cómo hacer que compren y cómo adaptar sus beneficios a sus gastos para funcionar y crecer.
  • El nicho editorial más peligroso es aquel que gozó de fama, prestigio y ventas pero que está en una situación de recesión. Los tiempos pasados crearon muchas editoriales y otras nuevas se suman con la idea de hacerse un hueco. El problema surge cuando el número de lectores no puede sustentar al gran número de editoriales que tiene el nicho de mercado.
  • Este es el caso de la poesía, que tiene un mercado saturado en comparación con la cantidad de lectores que tiene. Esto hace, a su vez, que el lector lo tenga difícil para discernir y buscar calidad entre toda la marejada de libros que hay en el mercado.
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Sobre editoriales y editados

¿Cómo publicar mi libro? Creo que debe ser de lo más buscado entre los autores noveles en internet. Y acaba siendo bastante desalentador el asunto. No, no eres nadie especial. Solo es especial el número de seguidores que tienes. ¿Tienes muchos? Enhorabuena, escribe lo que quieras que alguna editorial estará dispuesta a publicarte. Si eres poco conocido, si no tienes repercusión mediática de ningún tipo, reza lo que sepas. Si, además, tu libro es de poesía, te recomiendo también que creas en los milagro.

Esta entrada no pretende sumarse a todas aquellas que dan consejos sobre cómo publicar. Hay mucho y muy bueno en internet. Dudo que pudiera siquiera igualarlo. Tampoco soy una eminencia en el tema como para tener voz o voto. Querría, sin embargo, arrojar algunas ideas sueltas, analizar con mi pobre criterio la situación de las editoriales y de los autores, y el porqué de los libros, al fin y al cabo.

Es un hecho que el mercado editorial vive momentos convulsos. Si no se deja llevar por las modas, por las chispas o las menas de escaso mineral para obtener beneficios rápidos, las editoriales se nos mueren poco a poco. Un autor desconocido, por muy buena que sea su obra, no vende. Esto es un hecho que no voy a negar. Lo que me niego a creer es que la única solución para las editoriales sea la de acudir a autores famosos e influencers para mantenerse a flote. También me niego a creer que esta manera de actuar sea intachable.

Como es costumbre en mí, necesito comparar la situación del autor con la situación de otros profesionales (voy a obviar el innecesario debate de si la escritura es una profesión o no). Y es que yo no puedo dejar de pensar qué sería de la opinión pública si lo que le ocurre al autor le ocurriera a otros trabajos. ¿Os imagináis un médico que solo tiene ese puesto por ser famoso? Se pasaría por alto sus conocimientos en medicina y sus capacidades por el simple hecho de tener una masa contundente de seguidores. Gracias a la noticia se hablaría más del hospital, dicho hospital tendría más prestigio y las subvenciones y los beneficios aumentarían. Algo de lógica tiene, ¿verdad? Aunque supongo que lo que estáis pensando, más bien, es que no es comparable. Un trabajo nada relacionado con el reconocimiento o la fama no precisa de personalidades conocidas.

Permitid que siga con los ejemplos. Una situación similar vive el mundo del cine. ¿Cuántas veces se elige a un actor o actriz por su fama en vez de por su calidad? También se me podrá responder que un actor es reconocido y famoso debido a su calidad interpretativa. Pero, ¿es esto realmente cierto? ¿Cuántas veces se manifiesta la opinión de que alguien de Hollywood está sobrevalorado? ¿Y la desigualdad de salario entre actores y actrices? ¿No tendrá algo que ver con la concepción de reconocimiento de nuestra sociedad?

Y en cuanto a noticias se refiere, escucho a menudo críticas a la selección de sucesos. Es obvio que hay ciertos hechos, ciertos juicios y ciertas personalidades que reciben un seguimiento mucho más detallado que otros (a veces, incluso, nunca habremos tenido noticias de ciertos hechos de nuestro país). Las noticias surgen y caen no por su importancia real y por su necesidad para la sociedad, sino que surgen y caen dependiendo de la cantidad de visitas que generen, los espectadores que enganchen y, al fin y al cabo, los beneficios.

Suena cruel, sesgado, corto de miras y poco acertado que lo diga de manera tan tajante, pero hay que tener en cuenta que el dinero se está imponiendo a todo. Si algo da beneficios, poco importa todo lo demás. No quiero decir que esto sea siempre así, ni que suceda hasta las últimas consecuencias, pero ocurre, y más a menudo de lo que me gustaría.

Ante esto no pretendo criticar a nadie, ni editoriales ni muchísimo menos autores publicados. Unos luchan a contracorriente para que el mercado del libro se siga manteniendo y los otros se esfuerzan en su obra como nadie, hay mucha calidad entre las estrellas que publican, si sabemos discernir con cuidado. Todo lo anterior era para confirmar algo que sabemos todos. A partir de esta idea, me gustaría meditar sobre la solución que se está buscando ahora (la de publicar a gente con seguidores), y si habría otras opciones plausibles para las editoriales.

Y es que con la solución actual no dejo de pensar que se echa la culpa de manera indirecta al autor con respecto a las ventas de un libro. Importa mucho más los seguidores que tenga el escritor que los seguidores que tenga la editorial. Si echamos un vistazo rápido podremos ver que de manera general, son los autores los que tienen muchos más seguidores que las editoriales. En los pocos casos que sucede al contrario, si analizamos profundamente, veremos que tendrán muchos seguidores, pero poca repercusión (atienden poco a lo que publica la editorial y comparten poco sus contenidos). A efectos prácticos tienen pocos seguidores fieles que ayuden a publicitar los productos.

Por otra parte, los recursos de marketing se centran en la mayoría de ocasiones en publicitar la obra de formas y métodos bastante desactualizados: enviar ejemplares a periodistas, enviar a su vez resúmenes de las obras, organizar la presentación del libro, alguna tímida intervención en las redes sociales… Muchos esfuerzos y recursos en acciones que no generan tanta repercusión como un autor con muchos seguidores. ¿No sería mejor buscar formas de afiliar más fuertemente a los lectores con tu sello? Se podría crear seguidores no de tu marca, sino de las personas que conforman tu marca. Esto mejora la empatía entre seguidores y seguido y mejora la fidelidad de los primeros.

Lo que quiero decir es que no entiendo por qué las editoriales siempre ponen a los influencers al “otro lado”, siempre los buscan como autores. ¿Nadie ha pensado poner a una de estas personalidades a cargo de la sección de marketing de sus editoriales? Pensando mal, llego a la conclusión de que esta diferenciación es por la mala consideración que se tiene del escritor (el debate de si es una profesión sobre el que no iba a hablar). Las editoriales, si mi mal pensamiento me lleva por buen camino, querrían a un profesional para su sección de marketing, pero para escribir libros les valdría cualquiera con tal de que les consiguiera ventas.

No vamos a pensar mal. Prefiero entender que es un problema de compromiso laboral duradero. Es más fácil conseguir que publique contigo una de estas personalidades a que trabaje para ti de manera indefinida publicitando tus libros. Además, sería un trabajo laborioso. Habría que buscar una forma nueva de actuar en el marketing, teniendo a la persona como centro, no tanto a la editorial y sus obras. Pero cada vez que recomendara un libro, cada vez que leyera un fragmento o entrevistase en su podcast o canal de Youtube a un autor de la editorial, estoy seguro de que los resultados serían increíbles.

De este modo, se podría dar voz a autores de poca influencia sin la preocupación de las ventas que generaran, de eso ya se encargaría la personalidad contratada. Porque, últimamente las editoriales están pasando por alto mucha calidad debido a que carecen de seguidores. No quiero decir que los influencers no tengan calidad, sino que vernos obligados a publicar en exclusiva sus obras no es buena idea (como tampoco sería buena idea publicar solo a autores desconocidos). Si solventásemos esta barrera de otra forma, la recepción de manuscritos se volvería a centrar en lo primordial: la calidad literaria y editorial.

Porque, por otro lado, hay muchas editoriales que publican a todo tipo de autores. Pero sus afirmaciones me desalientan: publicamos a gente reconocida para poder publicar también a desconocidos. Ganamos en unos para invertir en otros. Centrar el marketing desde otro punto de vista podría equilibrar las ventas entre productos. Podríamos conseguir beneficios de todos en su justa medida.

Tal vez me equivoque en todo. Tal vez mi lado poeta dialogue con el tímido emprendedor que llevo dentro y sueñen ambos con startups honradas, de éxito y de calidad, pero pobremente fundamentadas. Sin embargo, día de hoy, le encuentro todo el sentido del mundo a mis palabras.