Sobre editoriales y editados

¿Cómo publicar mi libro? Creo que debe ser de lo más buscado entre los autores noveles en internet. Y acaba siendo bastante desalentador el asunto. No, no eres nadie especial. Solo es especial el número de seguidores que tienes. ¿Tienes muchos? Enhorabuena, escribe lo que quieras que alguna editorial estará dispuesta a publicarte. Si eres poco conocido, si no tienes repercusión mediática de ningún tipo, reza lo que sepas. Si, además, tu libro es de poesía, te recomiendo también que creas en los milagro.

Esta entrada no pretende sumarse a todas aquellas que dan consejos sobre cómo publicar. Hay mucho y muy bueno en internet. Dudo que pudiera siquiera igualarlo. Tampoco soy una eminencia en el tema como para tener voz o voto. Querría, sin embargo, arrojar algunas ideas sueltas, analizar con mi pobre criterio la situación de las editoriales y de los autores, y el porqué de los libros, al fin y al cabo.

Es un hecho que el mercado editorial vive momentos convulsos. Si no se deja llevar por las modas, por las chispas o las menas de escaso mineral para obtener beneficios rápidos, las editoriales se nos mueren poco a poco. Un autor desconocido, por muy buena que sea su obra, no vende. Esto es un hecho que no voy a negar. Lo que me niego a creer es que la única solución para las editoriales sea la de acudir a autores famosos e influencers para mantenerse a flote. También me niego a creer que esta manera de actuar sea intachable.

Como es costumbre en mí, necesito comparar la situación del autor con la situación de otros profesionales (voy a obviar el innecesario debate de si la escritura es una profesión o no). Y es que yo no puedo dejar de pensar qué sería de la opinión pública si lo que le ocurre al autor le ocurriera a otros trabajos. ¿Os imagináis un médico que solo tiene ese puesto por ser famoso? Se pasaría por alto sus conocimientos en medicina y sus capacidades por el simple hecho de tener una masa contundente de seguidores. Gracias a la noticia se hablaría más del hospital, dicho hospital tendría más prestigio y las subvenciones y los beneficios aumentarían. Algo de lógica tiene, ¿verdad? Aunque supongo que lo que estáis pensando, más bien, es que no es comparable. Un trabajo nada relacionado con el reconocimiento o la fama no precisa de personalidades conocidas.

Permitid que siga con los ejemplos. Una situación similar vive el mundo del cine. ¿Cuántas veces se elige a un actor o actriz por su fama en vez de por su calidad? También se me podrá responder que un actor es reconocido y famoso debido a su calidad interpretativa. Pero, ¿es esto realmente cierto? ¿Cuántas veces se manifiesta la opinión de que alguien de Hollywood está sobrevalorado? ¿Y la desigualdad de salario entre actores y actrices? ¿No tendrá algo que ver con la concepción de reconocimiento de nuestra sociedad?

Y en cuanto a noticias se refiere, escucho a menudo críticas a la selección de sucesos. Es obvio que hay ciertos hechos, ciertos juicios y ciertas personalidades que reciben un seguimiento mucho más detallado que otros (a veces, incluso, nunca habremos tenido noticias de ciertos hechos de nuestro país). Las noticias surgen y caen no por su importancia real y por su necesidad para la sociedad, sino que surgen y caen dependiendo de la cantidad de visitas que generen, los espectadores que enganchen y, al fin y al cabo, los beneficios.

Suena cruel, sesgado, corto de miras y poco acertado que lo diga de manera tan tajante, pero hay que tener en cuenta que el dinero se está imponiendo a todo. Si algo da beneficios, poco importa todo lo demás. No quiero decir que esto sea siempre así, ni que suceda hasta las últimas consecuencias, pero ocurre, y más a menudo de lo que me gustaría.

Ante esto no pretendo criticar a nadie, ni editoriales ni muchísimo menos autores publicados. Unos luchan a contracorriente para que el mercado del libro se siga manteniendo y los otros se esfuerzan en su obra como nadie, hay mucha calidad entre las estrellas que publican, si sabemos discernir con cuidado. Todo lo anterior era para confirmar algo que sabemos todos. A partir de esta idea, me gustaría meditar sobre la solución que se está buscando ahora (la de publicar a gente con seguidores), y si habría otras opciones plausibles para las editoriales.

Y es que con la solución actual no dejo de pensar que se echa la culpa de manera indirecta al autor con respecto a las ventas de un libro. Importa mucho más los seguidores que tenga el escritor que los seguidores que tenga la editorial. Si echamos un vistazo rápido podremos ver que de manera general, son los autores los que tienen muchos más seguidores que las editoriales. En los pocos casos que sucede al contrario, si analizamos profundamente, veremos que tendrán muchos seguidores, pero poca repercusión (atienden poco a lo que publica la editorial y comparten poco sus contenidos). A efectos prácticos tienen pocos seguidores fieles que ayuden a publicitar los productos.

Por otra parte, los recursos de marketing se centran en la mayoría de ocasiones en publicitar la obra de formas y métodos bastante desactualizados: enviar ejemplares a periodistas, enviar a su vez resúmenes de las obras, organizar la presentación del libro, alguna tímida intervención en las redes sociales… Muchos esfuerzos y recursos en acciones que no generan tanta repercusión como un autor con muchos seguidores. ¿No sería mejor buscar formas de afiliar más fuertemente a los lectores con tu sello? Se podría crear seguidores no de tu marca, sino de las personas que conforman tu marca. Esto mejora la empatía entre seguidores y seguido y mejora la fidelidad de los primeros.

Lo que quiero decir es que no entiendo por qué las editoriales siempre ponen a los influencers al “otro lado”, siempre los buscan como autores. ¿Nadie ha pensado poner a una de estas personalidades a cargo de la sección de marketing de sus editoriales? Pensando mal, llego a la conclusión de que esta diferenciación es por la mala consideración que se tiene del escritor (el debate de si es una profesión sobre el que no iba a hablar). Las editoriales, si mi mal pensamiento me lleva por buen camino, querrían a un profesional para su sección de marketing, pero para escribir libros les valdría cualquiera con tal de que les consiguiera ventas.

No vamos a pensar mal. Prefiero entender que es un problema de compromiso laboral duradero. Es más fácil conseguir que publique contigo una de estas personalidades a que trabaje para ti de manera indefinida publicitando tus libros. Además, sería un trabajo laborioso. Habría que buscar una forma nueva de actuar en el marketing, teniendo a la persona como centro, no tanto a la editorial y sus obras. Pero cada vez que recomendara un libro, cada vez que leyera un fragmento o entrevistase en su podcast o canal de Youtube a un autor de la editorial, estoy seguro de que los resultados serían increíbles.

De este modo, se podría dar voz a autores de poca influencia sin la preocupación de las ventas que generaran, de eso ya se encargaría la personalidad contratada. Porque, últimamente las editoriales están pasando por alto mucha calidad debido a que carecen de seguidores. No quiero decir que los influencers no tengan calidad, sino que vernos obligados a publicar en exclusiva sus obras no es buena idea (como tampoco sería buena idea publicar solo a autores desconocidos). Si solventásemos esta barrera de otra forma, la recepción de manuscritos se volvería a centrar en lo primordial: la calidad literaria y editorial.

Porque, por otro lado, hay muchas editoriales que publican a todo tipo de autores. Pero sus afirmaciones me desalientan: publicamos a gente reconocida para poder publicar también a desconocidos. Ganamos en unos para invertir en otros. Centrar el marketing desde otro punto de vista podría equilibrar las ventas entre productos. Podríamos conseguir beneficios de todos en su justa medida.

Tal vez me equivoque en todo. Tal vez mi lado poeta dialogue con el tímido emprendedor que llevo dentro y sueñen ambos con startups honradas, de éxito y de calidad, pero pobremente fundamentadas. Sin embargo, día de hoy, le encuentro todo el sentido del mundo a mis palabras.

Anuncios