Calle vacía

Poema que no ha ganado concurso alguno

Palpando silencios entre malvas
y cascadas, tensan los cielos
nevados una atmósfera de cuerdas de piano,
entre las que resopla un aullido que violenta
las ramas de los árboles.
Los semáforos ya no señalizan
hileras despistadas. Marcan
el ritmo en el que tiembla la ciudad:
a veces jazz azul en honor a los difuntos,
seco folk para calderas en el alma,
rock para desbordarme y rodar.
Si de una película se tratara, todo
se ahogaría en blancos
para dar paso a mis silencios.
Pero neones furibundos crepitan,
anhelantes de algo que olvidaron:
el sabor de una ausencia estroboscópica.

Ya no sé si vago en busca de brillos
o de ritmos, si esta ciudad
es espejo o foco, camino o lecho.
Aun así vago como pastor
de sueños vidriados
—los atraviesa la policromía
acústica, idilios manufacturados—,
sin mirar atrás.
Limítrofe a la nada, en tierra
de nadie, a un lado el ruido visual,
al otro la soledad del agua:
gotas que se vierten sobre sí mismas,
que lamen barandas, como aferradas
a una caída lenta, en un espacio
tan cerrado al mundo
que es difícil de contemplar.
La brevedad austera se mece
entre el jolgorio y el devenir mundano.
¿Cuál es mi papel en este interregno
espacial? Quizás tararé los ritmos,
me deje embadurnar por la atmósfera
recargada, tiemble como tiembla
el corazón; quizás baje al suelo,
dirección al estatismo,
al pequeño estanque que
se resiste
a vibrar, charquito asíncrono
que, incluso en el movimiento, busca
la mudez de las ondas y las circunferencias.

¿Debería mantener el equilibrio
sobre la línea? Nunca fui
buen malabarista,
caería a un lado o a otro,
arrebatada mi capacidad de decisión.
Tal vez
mi problema sea la percepción de dos
realidades. Mi mente excitada
solo ve lados opuestos, aunque el mundo
quiera expresar, como un extraño Pentecostés,
su silencio de infinitas formas.

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El ‘todo vale’ del arte

Ya hace tiempo traté el tema que voy a retomar hoy de una manera algo distinta (puedes visitarlo pulsando aquí). Hablé del valor de la poesía y del esfuerzo que hay detrás de ella. Pero no acabo de estar contento con mi opinión y me gustaría revisarla y matizarla hablando del arte en general.

Hoy hablo desde la preocupación, ya no de creador, ni siquiera de consumidor, hablo desde mi más alta preocupación como profesor. Esta es una profesión comprometida y compleja, pero a la vez altamente satisfactoria. No vengo a hablar de la profesión en general, sino de algo muy concreto que me toca muy de cerca por ser profesor de Humanidades, y no es otra cosa que este concepto del todo vale del arte.

Todo el empeño en las clases, el esfuerzo para que valoren la literatura y el arte clásicos y las horas invertidas en formarlos de la mejor manera posible se ven tirados por tierra ante este pobre argumento esgrimido con la maestría que solo puede inculcar de esa manera el empuje imparable de la sociedad. Se concive socialmente el arte de una forma muy sesgada, muchas veces por una opinión vaga y, sin saberlo, con ideales peyorativos hacia los creadores. Se cree que el arte surge sin esfuerzo, que surge desde el sentimiento sin trabajo o que solo unos pocos, por suerte y no por empeño, pueden crear verdadero arte.

Así, cuando tratamos en profundidad la literatura en clase, veo cómo mis alumnos se desaniman. Comienzan a comprobar que todo es más complejo de lo que les quisieron vender en su día, que no les llega de una manera directa y cristalina como insinuaban otros, y que no entienden la obra con un esfuerzo mínimo de su parte. Así, yo me noto navegando a contracorriente. La idea de la pereza artística está tan férreamente agarrada a sus mentes por culpa de la opinión general que no se dirigen hacia el arte con el interés o las ganas adecuadas. Rápidamente sacan conclusiones precipitadas como que si no se entiende no es arte o que si no les emociona ipso facto no es arte. No se esfuerzan en profundizar en los recursos literarios de un poema porque la mentira que les han contado siempre es que el arte emociona sin necesidad de un receptor atento.

Nadie pone en duda que para ser físico o biólogo hace falta un esfuerzo enorme de la persona que busca por ese camino, pero rápidamente creen que cualquiera con cualquier base podría crear arte. La acción artística no se percibe como una profesión, y eso me preocupa, pues entra en un juego simplón pero atractivo para cualquiera: si el creador no necesita formación ni conocimiento alguno, eso quiere decir que lo que crea es sencillo; si es sencillo, quiere decir que el receptor no necesita tampoco formación alguna.

Y no quiero que se me malinterprete. Considero que las obras más brillantes que se han concebido llegan a toda la gente y todos se sienten conectados ella, pero los fundamentos sobre los que se basa la idea de la accesibilidad del arte son los que no comparto. Bécquer a veces es criticado por su simpleza, pero al contrario, creo que es simple en la recepción, pero complejísimo en la creación. El equilibrio de su ritmo, la claridad de sus rimas y la perfección de sus temas es tal que a nadie deja indiferente sus versos. Pero insinuar que sus poemas llegan porque es simple me parece, cuanto menos, difícil de aceptar.

Algo básico del arte es que una obra no acaba de estar completa del todo hasta que no hay un receptor que la interprete. Así, nuestra labor en el arte es vital. No solo importa la intencionalidad del autor (importantísima a mi parecer), sino que debemos valorar qué sugiere al que visiona (o lee o escucha) la obra de arte. Y esto vierte en nosotros una responsabilidad que pasamos por alto. ¿Queremos que las obras sean reconocidas y valoradas como se merecen? ¿Queremos sacar todo el jugo de una pieza y entender todos los matices que esconde? ¿Queremos participar del arte de una manera activa? Considero que para disfrutar del arte al máximo, nos exige mucho. Para que todas las ramas artísticas brillen y sean valoradas como se merecen, se exige de nosotros, los receptores de cada una de las artes todos los conocimientos posibles de todos los recursos, los conceptos y los matices ocultos. Todo el conocimiento se convierte en algo necesario y para nada contingente para la apreciación de poesía, de pintura, de escultura, música y todas y cada una de las vertientes del arte.

Con todo lo dicho, quiero concluir y aclarar. No todo vale en arte, no todo vale para crear literatura, no todo vale para considerarse magistral. Vale un creador preparado, que haya sido a su vez un receptor preparado, que haya meditado profundamente qué quiere transmitir y cómo lo quiere transmitir, que las horas de esfuerzo hayan llevado a un concpeto que inspire a un nuevo receptor, a su vez preparado. Vale educar desde el empeño y la rigurosidad, dejar de lado viejos conceptos sesgados sobre literatura, aprender de lo anterior para crear algo nuevo y sugerente. Vale, en definitiva, esforzarse por algo que nos nutre como sociedad y nos inspira a cada instante.

Tierra reseca

El bloqueo del artista

Hace mucho que no me dejo caer por el blog. Hace mucho que no escribo y que no me siento con ánimo para ello. En realidad, nada que deba preocuparme. Recientemente he acabado mi segundo libro (con el que tengo que decidir qué hacer para que vea la luz) y estoy en un valle entre inspiraciones. Así que, esta entrada se va a centrar en ese bloqueo del artista que hace que pasemos periodos de inactividad por culpa de la falta de inspiración.

Ya ha dicho en miles de ocasiones uno de mis referentes, Antonio Colinas, que cada vez que acaba un libro, se siente totalmente vacío y se cree incapaz de volver a escribir. Muchas veces me pareció demasiado rotunda esa afirmación, pero ahora la veo con un entendimiento más profundo. Un proyecto del tipo que sea (sea un libro, sea un cuadro, una pieza musical, etc.) exige, si se ha hecho de la manera adecuada, todo el potencial de su creador. Después de tanto tiempo escribiendo poesía, escribiendo para un libro en concreto, con una temática, un estilo y unas necesidades concretas, ahora, ciertamente, no sé muy bien qué escribir.

Tengo escritos. He escrito, desde luego, pero me siento igual. No siento haber avanzado nada. Cada libro debe tener una intencionalidad clara, unas características que marquen la diferencia y unos recursos totalmente distintos. Si no, creo que se quedan en una colección de poemas que bien podrían estar expuestos en cualquier formato y cualquier extensión. Así, viendo que sigo escribiendo sobre lo mismo y de la misma manera, ha llegado a mí ese bloqueo, esa incapacidad para escribir durante horas y de buscar inspiración en cualquier cosa.

De nuevo, recalco: nada de lo que preocuparse. Estos momentos son algo natural y muy positivo para cualquier creador. Solo hay que saber aprovecharlos. Y me gustaría compartir aquí lo que estoy haciendo para orientar mis pretensiones y salir del bloqueo de una manera natural y poco traumática:

  • Lee. No pares de leer. Lee lo que te apetezca. No te agobies buscando nuevos estilos que no te llaman, ni intentes esforzarte como lector para mejorar como escritor. Eso lo dejo para cuando vuelva la inspiración. Ahora hay que disfrutar, aprender de manera amigable y no perder el contacto con los textos literarios. Aplica esto mismo a cualquier disciplina: inspirate a través de la recepción de lo que más te gusta.
  • Aunque no sea de tu agrado, no pares de escribir. En mi caso no estoy seguro de que lo que estoy escribiendo ahora vea alguna vez la luz, pero escribirlo me ayuda a comprender mejor mi situación. Poco a poco voy comprendiendo qué parte de mi estilo debe ser mejorada, qué temas no dan más de sí y hacia dónde quiero enfocar todos mis esfuerzos. Ahora estamos en un proceso de calibrado, no en la carrera en sí.
  • Aprende a apreciar el tiempo libre. Posiblemente, la rutina artística te bloquee mucho más que cualquier otra cosa, así que salte de ella. Muchas veces necesitamos distancia para ver todo con otros ojos. Disfruta de tus hobbies, de los amigos y de cualquier cosa lo más alejada posible de la actividad creativa. Aunque no lo parezca, todo tipo de actividad enriquece al creador y ayuda desde el silencio. Todo, a su modo, inspira. Así que, tal vez solo necesitemos un cambio de aires para mejorar.
  • Piensa en voz alta. Dale la lata a tus conocidos y a tus colegas creadores. La introspección está muy bien, pero es impresionante hasta qué punto logramos comprendernos mejor si contrastamos nuestros pensamientos con los demás. En verdad, por mi parte, poco estoy tratando de mi bloqueo con los demás. Sin embargo, no paro de pensar en voz alta sobre los problemas de hoy día, sobre sus posibles soluciones, sobre la sociedad, sobre el mundo que nos rodea, sobre artistas emergentes, etc. En el momento menos pensado, tu mente nublada empezará a esclarecer como un nuevo amanecer.
  • Nada de agobios. Y esto lo digo pensando en el mundo de la poesía. Los poemarios no dan de comer a casi ningún autor en estos días, así que no hay prisa por crear en ese aspecto. El problema aparece cuando tu trabajo es tu creación artística. Ahí ya comprendo yo que estos bloqueos pueden llegar a ser un gran problema. Pero la solución, desde luego, nunca es presionarse y agobiarse. «Vísteme despacio, que tengo prisa», una expresión que nos tendríamos que aplicar en muchas circunstancias de la vida.

¿Me servirá todo esto? De momento creo que de bastante, aunque no se puedan ver los frutos todavía. Tiempo al tiempo. Si tienes algún consejo mejor para mí y para quien nos pueda leer, no dudes en añadir un comentario. Te leeré encantado. Nos vemos en una entrada más continuada que estas últimas. Prometido.

Agua

Ningún trance es más oculto
que la vivencia del agua. Quisiera
entrechocar vasijas con tal de liberar
espacios, pues mares encerrados
no son más que suspiros en la nieve,
vapor que atrapa el frío
y salta del aire a la tierra.
No quiero nutrirme más
sin el icor más lleno.

Extranjero del mundo

Extranjero del mundo

Cuando cuelgo el chambergo
y el polvo cae reflejado por el sudor,
no tengo casa a la que acogerme.
Extranjero del mundo, abeja
errante entre pólenes
de vuelo llano, pando, etéreo,
observo con detenimiento
calles de atropellos, hileras
de magníficas columnas.

Ni un vaquero atacado
por nobles sioux palpa la aventura
del viaje sin el miedo
a la laceración del terreno salvaje,
sin sentirse pecador
en tierra ajena, profanador
de espíritus brillantes.
No permanezco demasiado
en el mismo lugar
por miedo a mis pies
procaces.

Cuando estos al fin mellan
por segunda vez una ciudad conocida,
la vista de la ausencia, del deterioro,
el cambio, la convexa lozanía
que vaga entre grúas, que soslaya
pequeñeces ahogadas
por el tiempo, provoca que
una lágrima caiga
hasta la comisura, más abajo,
hasta los adoquines
ciegos.

Librería

Mi encuentro con “Cantata Soleá”

A Ramón Buenaventura

Atardece en los lamidos pólenes de la calle
heredera del tiempo y de los sudores del río
luce más blanca la presencia de una ventana
opaca entre lambas y bailes y bebedizos
de índoles gravosas portal negro sobre blanco
que succiona mis pies y mis pensamientos

Entro pasillo estrecho
estanterías empotradas
entre intelectos
madera crujiente
tras cada paso
libros antiguos
y no tan vetustos
de todas las formas
profundos ajenos
montañosos roedores
cúbicos helicoidales
tersos también
busco y registro
me pierdo mirando
incluso entre sílabas
hola Nobelty
qué bien te conservas
González Iglesias
gracias a Dios que
un ángulo te basta
estás arrinconado
y un Lázaro o Quijote
alguien heroico
o más bien Joyce
Coronado abrazada
al distópico año
mil novecientos
ochenta y cuatro
entre páginas
arropado
sobre páginas

Vela un libro mi mirada atento a saltar a mis manos
de súbito un autor desconocido así de inculto soy
la portada ojeo hojeo el interior para comprobar
que no hay trabas en la lengua que el verso
se expresa libre ancho sin paredes ni puntuaciones
más ancho que mi espacio vital más ancho
que la tienda que le da cabida y habla puro
pulcro libre también libre de idiomas barreras
geográficas que distan mucho de traer verdades

Cierro el libro
vuelvo al pasillo
librero distraído
con panfletos
le pago un precio
absurdo por tan
sabias palabras
encapsuladas
media vuelta y salgo

de nuevo a la calle ahora lunar peinada
por los vientos obtusos de silbido fresco