El ritmo del verso (el acento)

Si quieres una visión más general de la importancia del ritmo y los tipos de ritmo en poesía, te animo a que acudas a la siguiente entrada del blog: El ritmo del verso.

En la presente entrada me gustaría tratar la importancia del acento para la poesía y para el ritmo, además de la historia y la evolución detrás de este aspecto. Va a ser un poco más técnico de lo que acostumbro en el blog, porque vamos a entrar en materia de literatura griega y latina, que es mi debilidad.

Y es que más allá de la marca más característica de la poesía, la rima, hay otra forma de marcación rítmica realmente característica de la lengua, el acento. El golpe de voz de las palabras puede ser una herramienta única para la armonía de un poema. Si bien, utilizado sin habilidad puede quedar tímidamente olvidado, su empleo y posición en los versos da una tonalidad esencial a la poesía. Así, si concatenamos las palabras para que los golpes de voz se repitan en las mismas posiciones en cada verso, marcamos de manera natural un ritmo que debe ser declamado y precisado por quien lo lea en voz alta para dar la gracia y la forma necesarias a la obra. La musicalidad resultante es obvia.

Otra vez, como en el anterior artículo, presento a Garcilaso de la Vega y su soneto XXIII, que, leído con cuidado nos permite descubrir un ritmo melódico sinigual en la literatura española:

En tanto que de rosa y azucena
se muestra la color en vuestro gesto,
y que vuestro mirar ardiente, honesto,
enciénde al corazon y lo refrena;

y en tanto que el cabello, que en la vena
del oro se escogió, con vuelo presto,
por el hermoso cuello blanco, enhiesto,
el viento mueve, esparce y desordena;

coged de vuestra alegre primavera
el dulce fruto, antes que el tiempo airado
cubra de nieve la hermosa cumbre.

Marchitará la rosa el viento helado,
todo lo mudará la edad ligera,
por no hacer mudanza en su costumbre.

¿Pero esto de dónde sale? Pues, como siempre en cuanto a literatura y cultura occidental se refiere, tenemos que acudir a Grecia y a Roma y su forma de armonizar su poesía. Hubo un tiempo en el que la rima no era característica indiscutible de la poesía y, más bien, se despreciaba este recurso literario como algo burdo y mundano. Era una época en la que la riqueza fonológica de las lenguas literarias era bastante más profusa que la castellana y permitió organizar rítmicamente la poesía de una manera que ahora sería imposible. Hablo, por supuesto, del latín y el griego, las lenguas que suponen la base cultural de toda Europa, aunque muchos se quieran olvidar de ellas e, incluso, enterrarlas.

En concreto tiene que ver con las características fonéticas de sus vocales. Mientras que en castellano tenemos cinco vocales (a, e, i ,o, u), en latín (y en gran medida en el griego clásico pero no entraremos en eso) tenían diez vocales distintas. Y esto no se debía a una pronunciación distinta de las vocales sino a un concepto que en castellano no conservamos ya, la cantidad vocálica. Esta cantidad vocálica hace referencia a la duración de la pronunciación de una vocal, así, en latín y en griego habría una división entre vocales largas y vocales breves. De este modo, se habla de moras, una medida de tiempo para describir estas vocales. Las vocales breves tendrían una duración hipotética de una mora, mientras que las largas la tendrían de dos moras.

Así, sin entrar en muchos detalles y excepciones, en las lenguas griega y latina vamos a tener sílabas de carácter largo y sílabas de carácter breve dependiendo de la cantidad vocálica que tengan sus vocales. El cambio de ritmos y la armonía de la poesía se va a producir en sus literaturas ordenando de cierta manera las sílabas en función de su cantidad vocálica. El verso más conocido es el que se corresponde con su poesía épica, el hexámetro dactílico, cuya composición principal es el conocido como dáctilo (una sílaba larga seguida de dos breves, expresado con los siguientes signos: —UU). Este dáctilo, salvando las excepciones y circunstancias que no trataremos aquí, se repite hasta seis veces para crear el verso básico de la épica clásica. Recordemos, sin rimas. El rasgo más característico de la poesía clásica era el empleo de estos distintos ritmos. Y esto nos ha quedado con el paso de los siglos y el relevo de las lenguas romances.

Pero, ¿cómo se dio este paso entre ritmo gracias a la cantidad silábica y ritmo gracias a los golpes de voz y la acentuación? Esto responde al proceso natural de la misma lengua latina, que fue perdiendo la característica gramatical de la cantidad. Así, los hablantes de latín vulgar dejaron de percibir las moras de las vocales y dejaron de tener una funcionalidad estética clara. Pero la tradición literaria es muy fuerte y no se puede abandonar los rasgos estilísticos tan fácilmente. Se seguía escribiendo en los ritmos clásicos, pero la característica auditiva para los escritores pasó a ser otra. Ligado a la cantidad silábica estaba la acentuación, rasgo característico que sí prevaleció.

Con esta evolución, en la Edad Media (en latín medieval para ser más exactos) se empezó a componer poesía teniendo en cuenta los golpes de voz de las palabras. A posteriori serían los autores del Siglo de Oro los que le darían el lustre que heredamos y que es ampliamente estudiado. Hay todo tipo de esquemas acentuales por los que componer poemas con verso endecasílabo (especialmente sonetos) que se introdujeron en españa gracias a los literatos de esta época. Trataré en otra entrada del blog sobre estos esquemas.

Y esto es un resumen un tanto escaso de por qué los acentos son muy importantes en poesía. El objetivo es que entendamos la base desde la que partimos y todo lo que podemos conseguir construyendo sobre ella. Mucho se ha trabajado con el endecasílabo y la acentuación debido al prestigio y la calidad de este verso para la lengua española, pero podríamos trabajar con otros versos y otros esquemas distintos. Podríamos usar estos ritmos acentuales de una manera más libre, para resaltar ciertas palabras o ciertas posiciones de los versos. Si hacemos una rima interna, podríamos reforzarla con un breve ritmo constante que acompañe a las palabras rimadas. Se abre un mundo de posibilidades teniendo en cuenta la acentuación de las palabras.

Juguemos con el ritmo y profundicemos en el estilo de la poesía. Dejemos de pensar que la poesía es solo decir cosas bonitas. Será el género literario en el que importa muchísimo más el continente que el contenido. Hagámosle justicia al ritmo de la poesía, no solo para crearla, sino para apreciarla como lectores. Como hice en otras entradas del blog, me reiter: leamos siempre en voz alta la poesía.

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