Odio las fotos

Que establecen una infranqueable
barrera entre fotógrafo y modelo,
uno vivo,
el otro asesinado en un féretro plano.
En un féretro plano asesinado,
capturado y paralizado: algo vivo
en un instante eterno.
Eterno en un instante,
que no es más que ficción,
historia recreada que nace
del olvido.
Un fósil que pueden negar
expertos religiosos, una lágrima
cristalizada que ha olvidado
su objetivo a través del de la cámara.
A través del de la cámara, su objetivo
se corrompe y encarcela
secretos lóbregos difíciles
de explicar, acusaciones
de una tragedia de época griega.
De época griega, de una tragedia
que es un constante recuerdo
de que mis escritos pecan de lo mismo:
creo recordar con palabras,
sin embargo,
creo instantes ficticios,
olvidables.

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