Las enumeraciones en poesía o cómo entender un recurso literario y querer a la bomba (II)

Esta entrada es la segunda parte de un conjunto. Si quieres empezar por el principio te invito a que leas la primera parte.

En la anterior entrada habíamos hablado de las características que hacen propicia a la enumeración para la poesía. En resumidas cuentas, serían las siguientes: enriquece un discurso descriptivo gracias al uso de la oración pronominal, se compagina con otros recursos literarios basados en la repetición como pueden ser el paralelismo y la anáfora y ayuda al sentido rítmico del poema.

Continuando con las características de la enumeración, entramos ya en el orden de los elementos que la componen. El orden es vital para marcar la mirada del autor y su estilo en todos los poemas, pero adquiere un cariz importantísimo cuando hablamos de una enumeración, especialmente de una larga.

Así, hay varios tipos de enumeraciones (no me extenderé mucho en ello) según el orden de sus elementos:

  • Enumeración ascendente o clímax: por la que los elementos se ordenan de menor a mayor según importancia o desde abajo hacia arriba según su posición espacial.
  • Enumeración descendente o anticlímax: por la que los elementos se ordenan de mayor a menor según su importancia o de arriba abajo según su posición espacial. (En ocasiones consideran estas dos primeras enumeraciones de la misma clase)
  • Enumeración simple: por la cual se disponen de manera continuada todo tipo de conceptos o características comunes.
  • Enumeración caótica: por la que los elementos se disponen sin orden ni concierto ni con una relación clara.

La gradación de los dos primeros tipos es fundamental para expresar un sentido de movimiento y proceso más allá de las simples palabras y es una herramienta propicia para expresar mucho en pocas palabras. Un ejemplo:

Dame pobres placeres repetidos,
no un único diamante en la memoria.
Dame días iguales, no este instante sin tiempo,
terco, distante, azul, inexistente.

—José Luis García Martín, A un dios desconocido.

Podría parecer que el verso final es una enumeración caótica, pues no existe relación a simple vista entre sus términos (terco, distante, azul, inexistente), pero, si prestamos atención al orden y buscamos una gradación, comprobaremos todo el sentido de las palabras. Si observamos los extremos, «terco», con el sentido de «persistente», se contrapone claramente a «inexistente». Así, tenemos marcados los límites de la gradación: algo constantemente presente que se dirige poco a poco a la inexistencia. Pero, ¿cómo influyen los dos términos centrales a este avance? «Distante» nos introduce el primer sentido espacial de la enumeración, y será la pista definitiva para entender la palabra «azul».

Así, el color azul tiene que ver con el paisaje y las distancias en él. Imaginad una estampa veraniega, de amplio sol y un gran prado verdoso coronado en el fondo por una montaña lejana. El verde del campo va tornándose en colores más fríos según se aleja de nosotros, tendiendo hacia un azul que envuelve más claramente la montaña. Todo ello por una perspectiva que va atenuando los colores e imponiendo las tonalidades celestes en los objetos más lejanos.

Para resumir, ese diamante en la memoria, esa experiencia única de la que nos habla el poeta se va extinguiendo con el tiempo. La comparativa después del análisis es clara: las experiencias impresionantes pero escasas se van alejando poco a poco, tornándose en colores azulados, tan azulados que se acaban fundiendo con el cielo y desapareciendo por completo. La estampa me parece cautivadora, sobre todo si pensamos que es gracias a la enumeración y el orden por lo que consigue expresar tanto.

Hay tanto que decir de las enumeraciones. El número de los conceptos empleados es un claro valor literario. Las estructuras bimembres, trimembres o compuestas de estos números son un uso habitual para el equilibrio rítmico y estructural. Dislocar un elemento (el primero o el último), debido a un final de verso, supone poner el foco en ese elemento. La elección del lugar en el poema es fundamental para conseguir una sorpresa en él. Mucho hay que decir, pero no querría extenderme demasiado en ello.

Por tanto, la enumeración es una gran aliada literaria, pero debemos entender muy bien los conceptos y saber jugar con las palabras. De fondo no debemos pensar en el recurso literario, sino en qué queremos conseguir con su uso. Y es que vuelvo con una idea dada en la primera parte: creo que es uno de los recursos más usados. Por consiguiente, su uso indiscriminado puede ser agotador, confuso e innecesario para el lector.

Muy a menudo veo en poemas sobre las emociones y situación emocional del yo lírico cómo se concatena todo con enumeraciones caóticas. Si bien, sin duda es un recurso que funciona para sentimientos turbulentos y para expresar las ideas que se agolpan, es un uso tan extendido que agota solo de verlo venir.

Por ello, durante bastante tiempo he empleado con verdadero miedo este recurso literario. Sin previo aviso surgía sin pena ni gloria entre mis escritos, de una manera torpe, sin sentido y naíf. Así que me tocaba tachar, repensar y obviar la mayoría de las veces la enumeración. Aunque poco a poco voy perdiendo el miedo y busco cómo traer una enumeración bien consolidada.

Así que poco más me queda que añadir. Espero que haya resultado interesante y que, si tienes cualquier cuestión o valoración, no dudes en escribirme.

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Las enumeraciones en poesía o cómo entender un recurso literario y querer a la bomba (I)

(Pincha aquí si quieres ir a la segunda parte)

La enumeración es, si no el más usado, uno de los recursos literarios más usados en poesía. Se puede pensar en primera instancia que es un recurso pobre y que da poco juego, al fin y al cabo es citar una lista indefinida de objetos o estructuras sintácticas del mismo nivel. Sin embargo, encierra muchas características muy propicias para la poesía.

La característica más importante que la relaciona con la poesía es la capacidad de generar grandes oraciones nominales, es decir, aquellas oraciones carentes de verbo y que, por tanto, tienen un claro carácter descriptivo, u oraciones atributivas. Porque las descripciones son vitales en poesía, y poder profundizar en una larga descripción sin entorpecer la marcha del verso con verbos y excesos se convierte en algo muy popular en poesía:

Quíxente tanto, meniña,
tívenche tan grande amor,
que para min eras a lúa,
branca aurora e craro sol;
auga limpa en fresca fonte,
rosa do xardín de Dios,
alentiño do meu peito,
vida do meu corazón.

—Rosalía de Castro, Quíxente tanto meniña.

Pero esta ausencia de verbo y esta repetición de estructuras sintácticas sirven a su vez a la forma fragmentaria de la poesía. Pues el verso hace que el lenguaje se adapte de una manera distinta al medio. No leemos la misma sintaxis o estructuración en una novela que en un poema. Mientras que en una novela o cualquier tipo de formato discursivo encontramos una sintaxis extensiva y compleja, llena de giros, acciones verbales, descripciones pormenorizadas y cadencia regular, la poesía se percibe muy ajena a todo esto. Así, la poesía es más breve, menos ostensible en las formas, se precipita a la inmediatez y busca la sorpresa con la escasez.

A mayores, la cadencia entrecortada de una enumeración, debido a sus pausas, ayuda al ritmo poético, facilitando así que las pausas versales (las pausas a final de verso) coincidan con una pausa sintáctica de las muchas generadas en una enumeración. Tal es la solución rítmica buscada por Rosalía en el anterior poema, donde las pausas versales coinciden con una pausa sintáctica. Y esto a veces se lleva al extremo, para representar un ritmo rápido, agotador, cansado, de verso breve, compenetrado con cada entidad de la enumeración. Así, podemos verlo en un extenso poema que basa su estructura en gran medida en la enumeración, se trata de Cinemática evolucionista de Alfonsa de la Torre, del que solo pondré un fragmento:

Apresada
en el bálago bullente,
viscoso, cambiante,
movible, caliente,
brillante,
del extendido magma,
la ameba incipiente
con forma
todavía de hoja,
se alarga,
se inquieta,
se estira,
engulle,
digiere,
defeca,
asimila,
se transforma,
se engrandece,
ensaya con orgullo
sus múltiples colas,
se enamora,
acaricia con avaricia,
se agita,
dormita,
ajena a la Historia,
ajena a que es ella,
ella misma
previda,
ella sola,
ella única
levadura de vidas,
fermento inaudito
de alondras,
proyecto soñado
de corzas,
premonición divina
de gacelas,
de doncellas,
de almas.

—Alfonsa de la Torre, Cinemática evolucionista.

Este poema es más complejo de lo que puede parecer ya que no es una constante enumeración, una única enumeración. Por contra, Alfonsa convina y concatena de manera constante una enumeración tras otra, creando una confusión y una complejidad interesantes de desenmarañar a lo largo del poema. De este modo, tenemos enumeración de adjetivos, enumeración de sustantivos, de complementos de sustantivos, de verbos… De todo tipo de estructuras sintácticas en definitiva. Y sí, frente a la anterior característica mencionada, la de expresar oraciones nominales, la enumeración tampoco se olvida de las formas verbales, pudiendo expresar en una construcción asindética (sin nexos de unión) gran cantidad de acciones, con gran expresividad tras esta idea aglutinadora.

Otro elemento importante de la enumeración es que es fácilmente combinable con otros recursos literarios. Y en concreto hablo de la anáfora y el paralelismo. Estos tres recursos se centran en la repetición y por ello sus combinatorias desarrollan un ritmo y una estructura únicos. Mientras que la anáfora es aquel recurso por el cual repetimos el inicio de los versos, el paralelismo es el que consigue una estructura constante repitiendo la misma sintaxis o estructuración, normalmente de un verso completo, pero no siempre (ej: Y la carne que tienta con sus frescos racimos/ y la tumba que aguarda con sus fúnebres ramos. de Rubén Darío, Lo Fatal).

Así, podemos poner como ejemplo un fragmento de un poema de Luis Chamizo en el que se combinan estos tres recursos:

…y llenaron de pinturas sus iglesias,
y parlaron su sentir en los Congresos,
y cantaron la belleza de sus campos,
y elevaron sus plegarias a los cielos,
y murieron orgullosos por la causa
de las santas libertades de su pueblo…

—Luis Chamizo, Consejos del Tío Perico.

Seguramente sorprenda que este ejemplo lo analice como enumeración, ya que es más destacable el paralelismo o la anáfora, pero no hay que olvidar que no deja de ser una acumulación de acciones, una enumeración de todas ellas. Podríamos tener paralelismo en dos versos y no necesariamente tener a su vez una enumeración.

Para no saturar al lector, la entrada acaba aquí. Sin duda me queda más que señalar sobre este recurso, pero lo contaré en la segunda parte. Si te ha gustado y quieres más, estaría encantado de que me lo hicieras saber.

 

Calle vacía

Cambios

Soñé con engendros
desnutridos en lodazales.
Me asaltaban de noche quejas
ahogadas, vaporosas de amanecida:
espejo lenticular, salmodiando
en un rincón oscuro.
Un tirso necesitaba
para cerrar círculos. No hallarlo
fue la constante.
Sueño premonitorio,
sueño báquico,
sueño de otro ser que susurra.
Si corto la celosía, el umbral queda
descubierto. Oteo. Un rostro
janicular presumo en mi nuca,
algo olvidado o no descubierto
aún. ¿Llegó ya enero? ¿Ya
me ha asaltado el cambio?
Exageran los espejos: las crisis,
solo cambios. Que calle ya
el irrespetuoso susurro, que mis lunas
no las gobierna nadie.
Todo, jolgorio de panderetas
y decorados de arcillas mal secadas
y una balaustrada para que contemplen
los infelices una novedad maquillada
–un juguete roto con esmoquin
impoluto–, todos vestidos de sonrisas
y perfumes rojos.
Ni siquiera imaginan que
entre diciembre y enero quedan
dos meses perdidos, dos meses
que solo soslayan con la imaginación
los inagotables,
los empedernidos y los que no
se dejan engatusar con parsimonias
festivas.
Pero mi sueño,
mis pesadillas oculares,
siguen agazapadas.
Sé la verdad: ese rostro
posterior, ese susurro oculto,
ese sueño, todo eso
soy yo, perdido entre entes, caído
en combate tras el bombardeo
igualitario.

Sobre editoriales y editados

¿Cómo publicar mi libro? Creo que debe ser de lo más buscado entre los autores noveles en internet. Y acaba siendo bastante desalentador el asunto. No, no eres nadie especial. Solo es especial el número de seguidores que tienes. ¿Tienes muchos? Enhorabuena, escribe lo que quieras que alguna editorial estará dispuesta a publicarte. Si eres poco conocido, si no tienes repercusión mediática de ningún tipo, reza lo que sepas. Si, además, tu libro es de poesía, te recomiendo también que creas en los milagro.

Esta entrada no pretende sumarse a todas aquellas que dan consejos sobre cómo publicar. Hay mucho y muy bueno en internet. Dudo que pudiera siquiera igualarlo. Tampoco soy una eminencia en el tema como para tener voz o voto. Querría, sin embargo, arrojar algunas ideas sueltas, analizar con mi pobre criterio la situación de las editoriales y de los autores, y el porqué de los libros, al fin y al cabo.

Es un hecho que el mercado editorial vive momentos convulsos. Si no se deja llevar por las modas, por las chispas o las menas de escaso mineral para obtener beneficios rápidos, las editoriales se nos mueren poco a poco. Un autor desconocido, por muy buena que sea su obra, no vende. Esto es un hecho que no voy a negar. Lo que me niego a creer es que la única solución para las editoriales sea la de acudir a autores famosos e influencers para mantenerse a flote. También me niego a creer que esta manera de actuar sea intachable.

Como es costumbre en mí, necesito comparar la situación del autor con la situación de otros profesionales (voy a obviar el innecesario debate de si la escritura es una profesión o no). Y es que yo no puedo dejar de pensar qué sería de la opinión pública si lo que le ocurre al autor le ocurriera a otros trabajos. ¿Os imagináis un médico que solo tiene ese puesto por ser famoso? Se pasaría por alto sus conocimientos en medicina y sus capacidades por el simple hecho de tener una masa contundente de seguidores. Gracias a la noticia se hablaría más del hospital, dicho hospital tendría más prestigio y las subvenciones y los beneficios aumentarían. Algo de lógica tiene, ¿verdad? Aunque supongo que lo que estáis pensando, más bien, es que no es comparable. Un trabajo nada relacionado con el reconocimiento o la fama no precisa de personalidades conocidas.

Permitid que siga con los ejemplos. Una situación similar vive el mundo del cine. ¿Cuántas veces se elige a un actor o actriz por su fama en vez de por su calidad? También se me podrá responder que un actor es reconocido y famoso debido a su calidad interpretativa. Pero, ¿es esto realmente cierto? ¿Cuántas veces se manifiesta la opinión de que alguien de Hollywood está sobrevalorado? ¿Y la desigualdad de salario entre actores y actrices? ¿No tendrá algo que ver con la concepción de reconocimiento de nuestra sociedad?

Y en cuanto a noticias se refiere, escucho a menudo críticas a la selección de sucesos. Es obvio que hay ciertos hechos, ciertos juicios y ciertas personalidades que reciben un seguimiento mucho más detallado que otros (a veces, incluso, nunca habremos tenido noticias de ciertos hechos de nuestro país). Las noticias surgen y caen no por su importancia real y por su necesidad para la sociedad, sino que surgen y caen dependiendo de la cantidad de visitas que generen, los espectadores que enganchen y, al fin y al cabo, los beneficios.

Suena cruel, sesgado, corto de miras y poco acertado que lo diga de manera tan tajante, pero hay que tener en cuenta que el dinero se está imponiendo a todo. Si algo da beneficios, poco importa todo lo demás. No quiero decir que esto sea siempre así, ni que suceda hasta las últimas consecuencias, pero ocurre, y más a menudo de lo que me gustaría.

Ante esto no pretendo criticar a nadie, ni editoriales ni muchísimo menos autores publicados. Unos luchan a contracorriente para que el mercado del libro se siga manteniendo y los otros se esfuerzan en su obra como nadie, hay mucha calidad entre las estrellas que publican, si sabemos discernir con cuidado. Todo lo anterior era para confirmar algo que sabemos todos. A partir de esta idea, me gustaría meditar sobre la solución que se está buscando ahora (la de publicar a gente con seguidores), y si habría otras opciones plausibles para las editoriales.

Y es que con la solución actual no dejo de pensar que se echa la culpa de manera indirecta al autor con respecto a las ventas de un libro. Importa mucho más los seguidores que tenga el escritor que los seguidores que tenga la editorial. Si echamos un vistazo rápido podremos ver que de manera general, son los autores los que tienen muchos más seguidores que las editoriales. En los pocos casos que sucede al contrario, si analizamos profundamente, veremos que tendrán muchos seguidores, pero poca repercusión (atienden poco a lo que publica la editorial y comparten poco sus contenidos). A efectos prácticos tienen pocos seguidores fieles que ayuden a publicitar los productos.

Por otra parte, los recursos de marketing se centran en la mayoría de ocasiones en publicitar la obra de formas y métodos bastante desactualizados: enviar ejemplares a periodistas, enviar a su vez resúmenes de las obras, organizar la presentación del libro, alguna tímida intervención en las redes sociales… Muchos esfuerzos y recursos en acciones que no generan tanta repercusión como un autor con muchos seguidores. ¿No sería mejor buscar formas de afiliar más fuertemente a los lectores con tu sello? Se podría crear seguidores no de tu marca, sino de las personas que conforman tu marca. Esto mejora la empatía entre seguidores y seguido y mejora la fidelidad de los primeros.

Lo que quiero decir es que no entiendo por qué las editoriales siempre ponen a los influencers al “otro lado”, siempre los buscan como autores. ¿Nadie ha pensado poner a una de estas personalidades a cargo de la sección de marketing de sus editoriales? Pensando mal, llego a la conclusión de que esta diferenciación es por la mala consideración que se tiene del escritor (el debate de si es una profesión sobre el que no iba a hablar). Las editoriales, si mi mal pensamiento me lleva por buen camino, querrían a un profesional para su sección de marketing, pero para escribir libros les valdría cualquiera con tal de que les consiguiera ventas.

No vamos a pensar mal. Prefiero entender que es un problema de compromiso laboral duradero. Es más fácil conseguir que publique contigo una de estas personalidades a que trabaje para ti de manera indefinida publicitando tus libros. Además, sería un trabajo laborioso. Habría que buscar una forma nueva de actuar en el marketing, teniendo a la persona como centro, no tanto a la editorial y sus obras. Pero cada vez que recomendara un libro, cada vez que leyera un fragmento o entrevistase en su podcast o canal de Youtube a un autor de la editorial, estoy seguro de que los resultados serían increíbles.

De este modo, se podría dar voz a autores de poca influencia sin la preocupación de las ventas que generaran, de eso ya se encargaría la personalidad contratada. Porque, últimamente las editoriales están pasando por alto mucha calidad debido a que carecen de seguidores. No quiero decir que los influencers no tengan calidad, sino que vernos obligados a publicar en exclusiva sus obras no es buena idea (como tampoco sería buena idea publicar solo a autores desconocidos). Si solventásemos esta barrera de otra forma, la recepción de manuscritos se volvería a centrar en lo primordial: la calidad literaria y editorial.

Porque, por otro lado, hay muchas editoriales que publican a todo tipo de autores. Pero sus afirmaciones me desalientan: publicamos a gente reconocida para poder publicar también a desconocidos. Ganamos en unos para invertir en otros. Centrar el marketing desde otro punto de vista podría equilibrar las ventas entre productos. Podríamos conseguir beneficios de todos en su justa medida.

Tal vez me equivoque en todo. Tal vez mi lado poeta dialogue con el tímido emprendedor que llevo dentro y sueñen ambos con startups honradas, de éxito y de calidad, pero pobremente fundamentadas. Sin embargo, día de hoy, le encuentro todo el sentido del mundo a mis palabras.

Agua

Ningún trance es más oculto
que la vivencia del agua. Quisiera
entrechocar vasijas con tal de liberar
espacios, pues mares encerrados
no son más que suspiros en la nieve,
vapor que atrapa el frío
y salta del aire a la tierra.
No quiero nutrirme más
sin el icor más lleno.

Técnica ≠ Arte

Es que no usa bien la perspectiva. Las descripciones son imprecisas y aleatorias. No domina la técnica. A mí me gustan las pinturas realistas. No está bien hecho. Se ve feo. No está proporcionado. No respeta la medida áurea, es muy feo. No respeta los preceptos aristotélicos.

Esto escucho yo a menudo cuando se habla de arte. Esta selección resume una concepción habitual: el arte se basa en la técnica, la técnica es lo primordial. El pensamiento común es que una pintura es más artística o menos dependiendo de su nivel de detalle y realismo, de su capacidad de plasmar la realidad de la manera más fiel. Esto sucede así en cualquier ámbito artístico, sea cine, teatro, escultura, literatura, etc. He de decir, antes de que se olvide el motivo de esta entrada, que yo no podría estar másde en desacuerdo.

El arte no se define por su belleza y precisión, ni por la técnica empleada por el artista. Sin duda, son puntos a tener en cuenta para valorar una obra pero no podemos ceñirnos en exclusiva a ellos. Tenemos que mirar más allá. Si solo importase esta técnica depurada, la destreza de la persona para marcar los detalles y todos los entresijos de la ejecución, todo sería arte. Permitid que me explique. Sin duda, un médico que opera a corazón abierto demuestra una técnica impecable, pero lamento decir que no es arte. Un futbolista de élite debe ejecutar los movimientos con precisión para conseguir sobreponerse al rival, pero no demuestra una técnica artística. En general, todo trabajo o tarea compleja precisan de una técnica depurada para ser llevados a cabo, sin embargo, no por ello se convierten en ejecuciones artísticas.

Así, podemos decir que el arte es mucho más que la técnica. Pero, ¿qué lo define exactamente? No hay que ser totalitarios en este punto para no caer en errores. El arte se define por muchos puntos y no todos en las mismas proporciones en todo momento. La intencionalidad es algo necesario en estos casos, al igual que el motivo y el porqué de cada acción. Por tanto, si la intención de un autor es romper con todo lo establecido, un acto necesario es romper con la técnica usada habitualmente, para criticarla y construir algo nuevo. También se puede ceder en algunos aspectos técnicos para expresar algo más allá de ella.

En verdad pretendía que esto fuera breve, así que concluiré. En resumen, todo lo que hagamos debe estar al servicio del arte y este no se debe supeditar a ningún aspecto externo a él, ni siquiera a la técnica. Todo lo que un artista haga debe ser por un motivo claro y bien meditado y no podemos encasillar y clasificar las creaciones artísticas como si de fruta se tratara. Los compartimentos estancos e inamovibles son creadores de restricciones constantes, y dan poco juego para la creación.

Perdido

Hace tiempo,
hice que ahogaran un poema
de la manera más cruel:
chapoteando en charca oscura
de bolsas de plástico.
No se dejaba tararear,
no vibraba el monte conmovido
entre musgos y cencelladas. Era
construcción laxa de ideas torpes
y llanas.

Soldado confundido en las cimas
del Taigeto, me elevo falso,
engreído, altivo, ampuloso,
de tez pálida, camaleónica
con la nieve, herida más allá
del corte, sesgada no solo la espalda
por los años sino también la mente.

No dudé.
Caída al vacío
y golpe seco.
Rescatarlo sería atesorar
los granos restantes.
Más rápido corroe el tiempo
que un insaciable roedor.
¿Reconstruirlo?
¿Qué pretendes? ¿De soldado
asesino a divinidad caprichosa?

Alcanzaría una nueva creación, burla
o sombra cadavérica, engaño a uno mismo,
como si me atormentara.
Deja que descanse. Que ardan
versos por él, purificación
entre iguales.

Última resistencia

Nos quedará el silencio, si vienen velas negras.
Que griten de pavor otros, yo quiero
labios sellados, un rostro ceniciento
y la certeza de no alegrar a nadie
con mis dolores. Cuando resequen las horas
desposeídas de estaciones,
en un constante pedestal ardiente,
conservemos una postura hierática
propia de tiempos que se olvidaron
a los que debimos fallar en algún punto.
Que no nos recuerden como miembros
de eras de metales devaluados
sino de arcillas consagradas a una vigilia
que solo respira, que no usa la boca
para nada más que el aliento, ni sopesa
manjares con la lengua ni la hace bailar
al son del aire.
Llegado el momento de que nos arranquen
la dignidad, engañados por hombres gravosos
de dinero manchado y tiren
por tierra nuestros taimados valores,
si vacían nuestras mentes para cargarlas
de palabras dañinas y mentirosas,
incluso en ese momento,
nos quedará el silencio
más ennoblecido.