Calle vacía

Poema que no ha ganado concurso alguno

Palpando silencios entre malvas
y cascadas, tensan los cielos
nevados una atmósfera de cuerdas de piano,
entre las que resopla un aullido que violenta
las ramas de los árboles.
Los semáforos ya no señalizan
hileras despistadas. Marcan
el ritmo en el que tiembla la ciudad:
a veces jazz azul en honor a los difuntos,
seco folk para calderas en el alma,
rock para desbordarme y rodar.
Si de una película se tratara, todo
se ahogaría en blancos
para dar paso a mis silencios.
Pero neones furibundos crepitan,
anhelantes de algo que olvidaron:
el sabor de una ausencia estroboscópica.

Ya no sé si vago en busca de brillos
o de ritmos, si esta ciudad
es espejo o foco, camino o lecho.
Aun así vago como pastor
de sueños vidriados
—los atraviesa la policromía
acústica, idilios manufacturados—,
sin mirar atrás.
Limítrofe a la nada, en tierra
de nadie, a un lado el ruido visual,
al otro la soledad del agua:
gotas que se vierten sobre sí mismas,
que lamen barandas, como aferradas
a una caída lenta, en un espacio
tan cerrado al mundo
que es difícil de contemplar.
La brevedad austera se mece
entre el jolgorio y el devenir mundano.
¿Cuál es mi papel en este interregno
espacial? Quizás tararé los ritmos,
me deje embadurnar por la atmósfera
recargada, tiemble como tiembla
el corazón; quizás baje al suelo,
dirección al estatismo,
al pequeño estanque que
se resiste
a vibrar, charquito asíncrono
que, incluso en el movimiento, busca
la mudez de las ondas y las circunferencias.

¿Debería mantener el equilibrio
sobre la línea? Nunca fui
buen malabarista,
caería a un lado o a otro,
arrebatada mi capacidad de decisión.
Tal vez
mi problema sea la percepción de dos
realidades. Mi mente excitada
solo ve lados opuestos, aunque el mundo
quiera expresar, como un extraño Pentecostés,
su silencio de infinitas formas.

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El ‘todo vale’ del arte

Ya hace tiempo traté el tema que voy a retomar hoy de una manera algo distinta (puedes visitarlo pulsando aquí). Hablé del valor de la poesía y del esfuerzo que hay detrás de ella. Pero no acabo de estar contento con mi opinión y me gustaría revisarla y matizarla hablando del arte en general.

Hoy hablo desde la preocupación, ya no de creador, ni siquiera de consumidor, hablo desde mi más alta preocupación como profesor. Esta es una profesión comprometida y compleja, pero a la vez altamente satisfactoria. No vengo a hablar de la profesión en general, sino de algo muy concreto que me toca muy de cerca por ser profesor de Humanidades, y no es otra cosa que este concepto del todo vale del arte.

Todo el empeño en las clases, el esfuerzo para que valoren la literatura y el arte clásicos y las horas invertidas en formarlos de la mejor manera posible se ven tirados por tierra ante este pobre argumento esgrimido con la maestría que solo puede inculcar de esa manera el empuje imparable de la sociedad. Se concive socialmente el arte de una forma muy sesgada, muchas veces por una opinión vaga y, sin saberlo, con ideales peyorativos hacia los creadores. Se cree que el arte surge sin esfuerzo, que surge desde el sentimiento sin trabajo o que solo unos pocos, por suerte y no por empeño, pueden crear verdadero arte.

Así, cuando tratamos en profundidad la literatura en clase, veo cómo mis alumnos se desaniman. Comienzan a comprobar que todo es más complejo de lo que les quisieron vender en su día, que no les llega de una manera directa y cristalina como insinuaban otros, y que no entienden la obra con un esfuerzo mínimo de su parte. Así, yo me noto navegando a contracorriente. La idea de la pereza artística está tan férreamente agarrada a sus mentes por culpa de la opinión general que no se dirigen hacia el arte con el interés o las ganas adecuadas. Rápidamente sacan conclusiones precipitadas como que si no se entiende no es arte o que si no les emociona ipso facto no es arte. No se esfuerzan en profundizar en los recursos literarios de un poema porque la mentira que les han contado siempre es que el arte emociona sin necesidad de un receptor atento.

Nadie pone en duda que para ser físico o biólogo hace falta un esfuerzo enorme de la persona que busca por ese camino, pero rápidamente creen que cualquiera con cualquier base podría crear arte. La acción artística no se percibe como una profesión, y eso me preocupa, pues entra en un juego simplón pero atractivo para cualquiera: si el creador no necesita formación ni conocimiento alguno, eso quiere decir que lo que crea es sencillo; si es sencillo, quiere decir que el receptor no necesita tampoco formación alguna.

Y no quiero que se me malinterprete. Considero que las obras más brillantes que se han concebido llegan a toda la gente y todos se sienten conectados ella, pero los fundamentos sobre los que se basa la idea de la accesibilidad del arte son los que no comparto. Bécquer a veces es criticado por su simpleza, pero al contrario, creo que es simple en la recepción, pero complejísimo en la creación. El equilibrio de su ritmo, la claridad de sus rimas y la perfección de sus temas es tal que a nadie deja indiferente sus versos. Pero insinuar que sus poemas llegan porque es simple me parece, cuanto menos, difícil de aceptar.

Algo básico del arte es que una obra no acaba de estar completa del todo hasta que no hay un receptor que la interprete. Así, nuestra labor en el arte es vital. No solo importa la intencionalidad del autor (importantísima a mi parecer), sino que debemos valorar qué sugiere al que visiona (o lee o escucha) la obra de arte. Y esto vierte en nosotros una responsabilidad que pasamos por alto. ¿Queremos que las obras sean reconocidas y valoradas como se merecen? ¿Queremos sacar todo el jugo de una pieza y entender todos los matices que esconde? ¿Queremos participar del arte de una manera activa? Considero que para disfrutar del arte al máximo, nos exige mucho. Para que todas las ramas artísticas brillen y sean valoradas como se merecen, se exige de nosotros, los receptores de cada una de las artes todos los conocimientos posibles de todos los recursos, los conceptos y los matices ocultos. Todo el conocimiento se convierte en algo necesario y para nada contingente para la apreciación de poesía, de pintura, de escultura, música y todas y cada una de las vertientes del arte.

Con todo lo dicho, quiero concluir y aclarar. No todo vale en arte, no todo vale para crear literatura, no todo vale para considerarse magistral. Vale un creador preparado, que haya sido a su vez un receptor preparado, que haya meditado profundamente qué quiere transmitir y cómo lo quiere transmitir, que las horas de esfuerzo hayan llevado a un concpeto que inspire a un nuevo receptor, a su vez preparado. Vale educar desde el empeño y la rigurosidad, dejar de lado viejos conceptos sesgados sobre literatura, aprender de lo anterior para crear algo nuevo y sugerente. Vale, en definitiva, esforzarse por algo que nos nutre como sociedad y nos inspira a cada instante.

Tierra reseca

El bloqueo del artista

Hace mucho que no me dejo caer por el blog. Hace mucho que no escribo y que no me siento con ánimo para ello. En realidad, nada que deba preocuparme. Recientemente he acabado mi segundo libro (con el que tengo que decidir qué hacer para que vea la luz) y estoy en un valle entre inspiraciones. Así que, esta entrada se va a centrar en ese bloqueo del artista que hace que pasemos periodos de inactividad por culpa de la falta de inspiración.

Ya ha dicho en miles de ocasiones uno de mis referentes, Antonio Colinas, que cada vez que acaba un libro, se siente totalmente vacío y se cree incapaz de volver a escribir. Muchas veces me pareció demasiado rotunda esa afirmación, pero ahora la veo con un entendimiento más profundo. Un proyecto del tipo que sea (sea un libro, sea un cuadro, una pieza musical, etc.) exige, si se ha hecho de la manera adecuada, todo el potencial de su creador. Después de tanto tiempo escribiendo poesía, escribiendo para un libro en concreto, con una temática, un estilo y unas necesidades concretas, ahora, ciertamente, no sé muy bien qué escribir.

Tengo escritos. He escrito, desde luego, pero me siento igual. No siento haber avanzado nada. Cada libro debe tener una intencionalidad clara, unas características que marquen la diferencia y unos recursos totalmente distintos. Si no, creo que se quedan en una colección de poemas que bien podrían estar expuestos en cualquier formato y cualquier extensión. Así, viendo que sigo escribiendo sobre lo mismo y de la misma manera, ha llegado a mí ese bloqueo, esa incapacidad para escribir durante horas y de buscar inspiración en cualquier cosa.

De nuevo, recalco: nada de lo que preocuparse. Estos momentos son algo natural y muy positivo para cualquier creador. Solo hay que saber aprovecharlos. Y me gustaría compartir aquí lo que estoy haciendo para orientar mis pretensiones y salir del bloqueo de una manera natural y poco traumática:

  • Lee. No pares de leer. Lee lo que te apetezca. No te agobies buscando nuevos estilos que no te llaman, ni intentes esforzarte como lector para mejorar como escritor. Eso lo dejo para cuando vuelva la inspiración. Ahora hay que disfrutar, aprender de manera amigable y no perder el contacto con los textos literarios. Aplica esto mismo a cualquier disciplina: inspirate a través de la recepción de lo que más te gusta.
  • Aunque no sea de tu agrado, no pares de escribir. En mi caso no estoy seguro de que lo que estoy escribiendo ahora vea alguna vez la luz, pero escribirlo me ayuda a comprender mejor mi situación. Poco a poco voy comprendiendo qué parte de mi estilo debe ser mejorada, qué temas no dan más de sí y hacia dónde quiero enfocar todos mis esfuerzos. Ahora estamos en un proceso de calibrado, no en la carrera en sí.
  • Aprende a apreciar el tiempo libre. Posiblemente, la rutina artística te bloquee mucho más que cualquier otra cosa, así que salte de ella. Muchas veces necesitamos distancia para ver todo con otros ojos. Disfruta de tus hobbies, de los amigos y de cualquier cosa lo más alejada posible de la actividad creativa. Aunque no lo parezca, todo tipo de actividad enriquece al creador y ayuda desde el silencio. Todo, a su modo, inspira. Así que, tal vez solo necesitemos un cambio de aires para mejorar.
  • Piensa en voz alta. Dale la lata a tus conocidos y a tus colegas creadores. La introspección está muy bien, pero es impresionante hasta qué punto logramos comprendernos mejor si contrastamos nuestros pensamientos con los demás. En verdad, por mi parte, poco estoy tratando de mi bloqueo con los demás. Sin embargo, no paro de pensar en voz alta sobre los problemas de hoy día, sobre sus posibles soluciones, sobre la sociedad, sobre el mundo que nos rodea, sobre artistas emergentes, etc. En el momento menos pensado, tu mente nublada empezará a esclarecer como un nuevo amanecer.
  • Nada de agobios. Y esto lo digo pensando en el mundo de la poesía. Los poemarios no dan de comer a casi ningún autor en estos días, así que no hay prisa por crear en ese aspecto. El problema aparece cuando tu trabajo es tu creación artística. Ahí ya comprendo yo que estos bloqueos pueden llegar a ser un gran problema. Pero la solución, desde luego, nunca es presionarse y agobiarse. «Vísteme despacio, que tengo prisa», una expresión que nos tendríamos que aplicar en muchas circunstancias de la vida.

¿Me servirá todo esto? De momento creo que de bastante, aunque no se puedan ver los frutos todavía. Tiempo al tiempo. Si tienes algún consejo mejor para mí y para quien nos pueda leer, no dudes en añadir un comentario. Te leeré encantado. Nos vemos en una entrada más continuada que estas últimas. Prometido.

Un crisol frente al olvido

Ya nací con la naturaleza olvidada
y profanados los nombres —más real era
la mención de una mujer que el aroma de una flor—.
Tan ajeno se ha mostrado el pasto del tiempo
que debemos estudiarlo casi como culturas perdidas,
y los jardines serán nuestros museos. Somos
un perfume químico o refresco azucarado
—productos para enmascarar la sinrazón—.
Hemos cedido ante lo cotidiano para perder
a tientas nuestra seña, nuestra esencia y nuestro cariz.

Mas esperanzados siempre estaremos
en la conjunción de rimas de color. Pido
que se asista a la juventud como a mí
se me asistió, con una camelia por testigo:
crisol de almas, centro solar, lento palmar
de imaginaciones. Si no es el fruto más real
de la vida, si no es la raíz más flamígera
o el verdadero corazón imperecedero
de la naturaleza, ya no sé en qué creer.

¿No somos acaso trasunto de camelia nacida del invierno?
¿No dormitamos hasta la fría era de plásticos
para acabar mostrándonos dentro de la frugal
expectación del colorido círculo?
Contemplémosla,
y averigüemos sus secretos más recónditos.
Contemplémosla para contemplarnos.

El ritmo del verso (el acento)

Si quieres una visión más general de la importancia del ritmo y los tipos de ritmo en poesía, te animo a que acudas a la siguiente entrada del blog: El ritmo del verso.

En la presente entrada me gustaría tratar la importancia del acento para la poesía y para el ritmo, además de la historia y la evolución detrás de este aspecto. Va a ser un poco más técnico de lo que acostumbro en el blog, porque vamos a entrar en materia de literatura griega y latina, que es mi debilidad.

Y es que más allá de la marca más característica de la poesía, la rima, hay otra forma de marcación rítmica realmente característica de la lengua, el acento. El golpe de voz de las palabras puede ser una herramienta única para la armonía de un poema. Si bien, utilizado sin habilidad puede quedar tímidamente olvidado, su empleo y posición en los versos da una tonalidad esencial a la poesía. Así, si concatenamos las palabras para que los golpes de voz se repitan en las mismas posiciones en cada verso, marcamos de manera natural un ritmo que debe ser declamado y precisado por quien lo lea en voz alta para dar la gracia y la forma necesarias a la obra. La musicalidad resultante es obvia.

Otra vez, como en el anterior artículo, presento a Garcilaso de la Vega y su soneto XXIII, que, leído con cuidado nos permite descubrir un ritmo melódico sinigual en la literatura española:

En tanto que de rosa y azucena
se muestra la color en vuestro gesto,
y que vuestro mirar ardiente, honesto,
enciénde al corazon y lo refrena;

y en tanto que el cabello, que en la vena
del oro se escogió, con vuelo presto,
por el hermoso cuello blanco, enhiesto,
el viento mueve, esparce y desordena;

coged de vuestra alegre primavera
el dulce fruto, antes que el tiempo airado
cubra de nieve la hermosa cumbre.

Marchitará la rosa el viento helado,
todo lo mudará la edad ligera,
por no hacer mudanza en su costumbre.

¿Pero esto de dónde sale? Pues, como siempre en cuanto a literatura y cultura occidental se refiere, tenemos que acudir a Grecia y a Roma y su forma de armonizar su poesía. Hubo un tiempo en el que la rima no era característica indiscutible de la poesía y, más bien, se despreciaba este recurso literario como algo burdo y mundano. Era una época en la que la riqueza fonológica de las lenguas literarias era bastante más profusa que la castellana y permitió organizar rítmicamente la poesía de una manera que ahora sería imposible. Hablo, por supuesto, del latín y el griego, las lenguas que suponen la base cultural de toda Europa, aunque muchos se quieran olvidar de ellas e, incluso, enterrarlas.

En concreto tiene que ver con las características fonéticas de sus vocales. Mientras que en castellano tenemos cinco vocales (a, e, i ,o, u), en latín (y en gran medida en el griego clásico pero no entraremos en eso) tenían diez vocales distintas. Y esto no se debía a una pronunciación distinta de las vocales sino a un concepto que en castellano no conservamos ya, la cantidad vocálica. Esta cantidad vocálica hace referencia a la duración de la pronunciación de una vocal, así, en latín y en griego habría una división entre vocales largas y vocales breves. De este modo, se habla de moras, una medida de tiempo para describir estas vocales. Las vocales breves tendrían una duración hipotética de una mora, mientras que las largas la tendrían de dos moras.

Así, sin entrar en muchos detalles y excepciones, en las lenguas griega y latina vamos a tener sílabas de carácter largo y sílabas de carácter breve dependiendo de la cantidad vocálica que tengan sus vocales. El cambio de ritmos y la armonía de la poesía se va a producir en sus literaturas ordenando de cierta manera las sílabas en función de su cantidad vocálica. El verso más conocido es el que se corresponde con su poesía épica, el hexámetro dactílico, cuya composición principal es el conocido como dáctilo (una sílaba larga seguida de dos breves, expresado con los siguientes signos: —UU). Este dáctilo, salvando las excepciones y circunstancias que no trataremos aquí, se repite hasta seis veces para crear el verso básico de la épica clásica. Recordemos, sin rimas. El rasgo más característico de la poesía clásica era el empleo de estos distintos ritmos. Y esto nos ha quedado con el paso de los siglos y el relevo de las lenguas romances.

Pero, ¿cómo se dio este paso entre ritmo gracias a la cantidad silábica y ritmo gracias a los golpes de voz y la acentuación? Esto responde al proceso natural de la misma lengua latina, que fue perdiendo la característica gramatical de la cantidad. Así, los hablantes de latín vulgar dejaron de percibir las moras de las vocales y dejaron de tener una funcionalidad estética clara. Pero la tradición literaria es muy fuerte y no se puede abandonar los rasgos estilísticos tan fácilmente. Se seguía escribiendo en los ritmos clásicos, pero la característica auditiva para los escritores pasó a ser otra. Ligado a la cantidad silábica estaba la acentuación, rasgo característico que sí prevaleció.

Con esta evolución, en la Edad Media (en latín medieval para ser más exactos) se empezó a componer poesía teniendo en cuenta los golpes de voz de las palabras. A posteriori serían los autores del Siglo de Oro los que le darían el lustre que heredamos y que es ampliamente estudiado. Hay todo tipo de esquemas acentuales por los que componer poemas con verso endecasílabo (especialmente sonetos) que se introdujeron en españa gracias a los literatos de esta época. Trataré en otra entrada del blog sobre estos esquemas.

Y esto es un resumen un tanto escaso de por qué los acentos son muy importantes en poesía. El objetivo es que entendamos la base desde la que partimos y todo lo que podemos conseguir construyendo sobre ella. Mucho se ha trabajado con el endecasílabo y la acentuación debido al prestigio y la calidad de este verso para la lengua española, pero podríamos trabajar con otros versos y otros esquemas distintos. Podríamos usar estos ritmos acentuales de una manera más libre, para resaltar ciertas palabras o ciertas posiciones de los versos. Si hacemos una rima interna, podríamos reforzarla con un breve ritmo constante que acompañe a las palabras rimadas. Se abre un mundo de posibilidades teniendo en cuenta la acentuación de las palabras.

Juguemos con el ritmo y profundicemos en el estilo de la poesía. Dejemos de pensar que la poesía es solo decir cosas bonitas. Será el género literario en el que importa muchísimo más el continente que el contenido. Hagámosle justicia al ritmo de la poesía, no solo para crearla, sino para apreciarla como lectores. Como hice en otras entradas del blog, me reiter: leamos siempre en voz alta la poesía.

Las enumeraciones en poesía o cómo entender un recurso literario y querer a la bomba (II)

Esta entrada es la segunda parte de un conjunto. Si quieres empezar por el principio te invito a que leas la primera parte.

En la anterior entrada habíamos hablado de las características que hacen propicia a la enumeración para la poesía. En resumidas cuentas, serían las siguientes: enriquece un discurso descriptivo gracias al uso de la oración pronominal, se compagina con otros recursos literarios basados en la repetición como pueden ser el paralelismo y la anáfora y ayuda al sentido rítmico del poema.

Continuando con las características de la enumeración, entramos ya en el orden de los elementos que la componen. El orden es vital para marcar la mirada del autor y su estilo en todos los poemas, pero adquiere un cariz importantísimo cuando hablamos de una enumeración, especialmente de una larga.

Así, hay varios tipos de enumeraciones (no me extenderé mucho en ello) según el orden de sus elementos:

  • Enumeración ascendente o clímax: por la que los elementos se ordenan de menor a mayor según importancia o desde abajo hacia arriba según su posición espacial.
  • Enumeración descendente o anticlímax: por la que los elementos se ordenan de mayor a menor según su importancia o de arriba abajo según su posición espacial. (En ocasiones consideran estas dos primeras enumeraciones de la misma clase)
  • Enumeración simple: por la cual se disponen de manera continuada todo tipo de conceptos o características comunes.
  • Enumeración caótica: por la que los elementos se disponen sin orden ni concierto ni con una relación clara.

La gradación de los dos primeros tipos es fundamental para expresar un sentido de movimiento y proceso más allá de las simples palabras y es una herramienta propicia para expresar mucho en pocas palabras. Un ejemplo:

Dame pobres placeres repetidos,
no un único diamante en la memoria.
Dame días iguales, no este instante sin tiempo,
terco, distante, azul, inexistente.

—José Luis García Martín, A un dios desconocido.

Podría parecer que el verso final es una enumeración caótica, pues no existe relación a simple vista entre sus términos (terco, distante, azul, inexistente), pero, si prestamos atención al orden y buscamos una gradación, comprobaremos todo el sentido de las palabras. Si observamos los extremos, «terco», con el sentido de «persistente», se contrapone claramente a «inexistente». Así, tenemos marcados los límites de la gradación: algo constantemente presente que se dirige poco a poco a la inexistencia. Pero, ¿cómo influyen los dos términos centrales a este avance? «Distante» nos introduce el primer sentido espacial de la enumeración, y será la pista definitiva para entender la palabra «azul».

Así, el color azul tiene que ver con el paisaje y las distancias en él. Imaginad una estampa veraniega, de amplio sol y un gran prado verdoso coronado en el fondo por una montaña lejana. El verde del campo va tornándose en colores más fríos según se aleja de nosotros, tendiendo hacia un azul que envuelve más claramente la montaña. Todo ello por una perspectiva que va atenuando los colores e imponiendo las tonalidades celestes en los objetos más lejanos.

Para resumir, ese diamante en la memoria, esa experiencia única de la que nos habla el poeta se va extinguiendo con el tiempo. La comparativa después del análisis es clara: las experiencias impresionantes pero escasas se van alejando poco a poco, tornándose en colores azulados, tan azulados que se acaban fundiendo con el cielo y desapareciendo por completo. La estampa me parece cautivadora, sobre todo si pensamos que es gracias a la enumeración y el orden por lo que consigue expresar tanto.

Hay tanto que decir de las enumeraciones. El número de los conceptos empleados es un claro valor literario. Las estructuras bimembres, trimembres o compuestas de estos números son un uso habitual para el equilibrio rítmico y estructural. Dislocar un elemento (el primero o el último), debido a un final de verso, supone poner el foco en ese elemento. La elección del lugar en el poema es fundamental para conseguir una sorpresa en él. Mucho hay que decir, pero no querría extenderme demasiado en ello.

Por tanto, la enumeración es una gran aliada literaria, pero debemos entender muy bien los conceptos y saber jugar con las palabras. De fondo no debemos pensar en el recurso literario, sino en qué queremos conseguir con su uso. Y es que vuelvo con una idea dada en la primera parte: creo que es uno de los recursos más usados. Por consiguiente, su uso indiscriminado puede ser agotador, confuso e innecesario para el lector.

Muy a menudo veo en poemas sobre las emociones y situación emocional del yo lírico cómo se concatena todo con enumeraciones caóticas. Si bien, sin duda es un recurso que funciona para sentimientos turbulentos y para expresar las ideas que se agolpan, es un uso tan extendido que agota solo de verlo venir.

Por ello, durante bastante tiempo he empleado con verdadero miedo este recurso literario. Sin previo aviso surgía sin pena ni gloria entre mis escritos, de una manera torpe, sin sentido y naíf. Así que me tocaba tachar, repensar y obviar la mayoría de las veces la enumeración. Aunque poco a poco voy perdiendo el miedo y busco cómo traer una enumeración bien consolidada.

Así que poco más me queda que añadir. Espero que haya resultado interesante y que, si tienes cualquier cuestión o valoración, no dudes en escribirme.

Las enumeraciones en poesía o cómo entender un recurso literario y querer a la bomba (I)

(Pincha aquí si quieres ir a la segunda parte)

La enumeración es, si no el más usado, uno de los recursos literarios más usados en poesía. Se puede pensar en primera instancia que es un recurso pobre y que da poco juego, al fin y al cabo es citar una lista indefinida de objetos o estructuras sintácticas del mismo nivel. Sin embargo, encierra muchas características muy propicias para la poesía.

La característica más importante que la relaciona con la poesía es la capacidad de generar grandes oraciones nominales, es decir, aquellas oraciones carentes de verbo y que, por tanto, tienen un claro carácter descriptivo, u oraciones atributivas. Porque las descripciones son vitales en poesía, y poder profundizar en una larga descripción sin entorpecer la marcha del verso con verbos y excesos se convierte en algo muy popular en poesía:

Quíxente tanto, meniña,
tívenche tan grande amor,
que para min eras a lúa,
branca aurora e craro sol;
auga limpa en fresca fonte,
rosa do xardín de Dios,
alentiño do meu peito,
vida do meu corazón.

—Rosalía de Castro, Quíxente tanto meniña.

Pero esta ausencia de verbo y esta repetición de estructuras sintácticas sirven a su vez a la forma fragmentaria de la poesía. Pues el verso hace que el lenguaje se adapte de una manera distinta al medio. No leemos la misma sintaxis o estructuración en una novela que en un poema. Mientras que en una novela o cualquier tipo de formato discursivo encontramos una sintaxis extensiva y compleja, llena de giros, acciones verbales, descripciones pormenorizadas y cadencia regular, la poesía se percibe muy ajena a todo esto. Así, la poesía es más breve, menos ostensible en las formas, se precipita a la inmediatez y busca la sorpresa con la escasez.

A mayores, la cadencia entrecortada de una enumeración, debido a sus pausas, ayuda al ritmo poético, facilitando así que las pausas versales (las pausas a final de verso) coincidan con una pausa sintáctica de las muchas generadas en una enumeración. Tal es la solución rítmica buscada por Rosalía en el anterior poema, donde las pausas versales coinciden con una pausa sintáctica. Y esto a veces se lleva al extremo, para representar un ritmo rápido, agotador, cansado, de verso breve, compenetrado con cada entidad de la enumeración. Así, podemos verlo en un extenso poema que basa su estructura en gran medida en la enumeración, se trata de Cinemática evolucionista de Alfonsa de la Torre, del que solo pondré un fragmento:

Apresada
en el bálago bullente,
viscoso, cambiante,
movible, caliente,
brillante,
del extendido magma,
la ameba incipiente
con forma
todavía de hoja,
se alarga,
se inquieta,
se estira,
engulle,
digiere,
defeca,
asimila,
se transforma,
se engrandece,
ensaya con orgullo
sus múltiples colas,
se enamora,
acaricia con avaricia,
se agita,
dormita,
ajena a la Historia,
ajena a que es ella,
ella misma
previda,
ella sola,
ella única
levadura de vidas,
fermento inaudito
de alondras,
proyecto soñado
de corzas,
premonición divina
de gacelas,
de doncellas,
de almas.

—Alfonsa de la Torre, Cinemática evolucionista.

Este poema es más complejo de lo que puede parecer ya que no es una constante enumeración, una única enumeración. Por contra, Alfonsa convina y concatena de manera constante una enumeración tras otra, creando una confusión y una complejidad interesantes de desenmarañar a lo largo del poema. De este modo, tenemos enumeración de adjetivos, enumeración de sustantivos, de complementos de sustantivos, de verbos… De todo tipo de estructuras sintácticas en definitiva. Y sí, frente a la anterior característica mencionada, la de expresar oraciones nominales, la enumeración tampoco se olvida de las formas verbales, pudiendo expresar en una construcción asindética (sin nexos de unión) gran cantidad de acciones, con gran expresividad tras esta idea aglutinadora.

Otro elemento importante de la enumeración es que es fácilmente combinable con otros recursos literarios. Y en concreto hablo de la anáfora y el paralelismo. Estos tres recursos se centran en la repetición y por ello sus combinatorias desarrollan un ritmo y una estructura únicos. Mientras que la anáfora es aquel recurso por el cual repetimos el inicio de los versos, el paralelismo es el que consigue una estructura constante repitiendo la misma sintaxis o estructuración, normalmente de un verso completo, pero no siempre (ej: Y la carne que tienta con sus frescos racimos/ y la tumba que aguarda con sus fúnebres ramos. de Rubén Darío, Lo Fatal).

Así, podemos poner como ejemplo un fragmento de un poema de Luis Chamizo en el que se combinan estos tres recursos:

…y llenaron de pinturas sus iglesias,
y parlaron su sentir en los Congresos,
y cantaron la belleza de sus campos,
y elevaron sus plegarias a los cielos,
y murieron orgullosos por la causa
de las santas libertades de su pueblo…

—Luis Chamizo, Consejos del Tío Perico.

Seguramente sorprenda que este ejemplo lo analice como enumeración, ya que es más destacable el paralelismo o la anáfora, pero no hay que olvidar que no deja de ser una acumulación de acciones, una enumeración de todas ellas. Podríamos tener paralelismo en dos versos y no necesariamente tener a su vez una enumeración.

Para no saturar al lector, la entrada acaba aquí. Sin duda me queda más que señalar sobre este recurso, pero lo contaré en la segunda parte. Si te ha gustado y quieres más, estaría encantado de que me lo hicieras saber.

 

Calle vacía

Cambios

Soñé con engendros
desnutridos en lodazales.
Me asaltaban de noche quejas
ahogadas, vaporosas de amanecida:
espejo lenticular, salmodiando
en un rincón oscuro.
Un tirso necesitaba
para cerrar círculos. No hallarlo
fue la constante.
Sueño premonitorio,
sueño báquico,
sueño de otro ser que susurra.
Si corto la celosía, el umbral queda
descubierto. Oteo. Un rostro
janicular presumo en mi nuca,
algo olvidado o no descubierto
aún. ¿Llegó ya enero? ¿Ya
me ha asaltado el cambio?
Exageran los espejos: las crisis,
solo cambios. Que calle ya
el irrespetuoso susurro, que mis lunas
no las gobierna nadie.
Todo, jolgorio de panderetas
y decorados de arcillas mal secadas
y una balaustrada para que contemplen
los infelices una novedad maquillada
—un juguete roto con esmoquin
impoluto—, todos vestidos de sonrisas
y perfumes rojos.
Ni siquiera imaginan que
entre diciembre y enero quedan
dos meses perdidos, dos meses
que solo soslayan con la imaginación
los inagotables,
los empedernidos y los que no
se dejan engatusar con parsimonias
festivas.
Pero mi sueño,
mis pesadillas oculares,
siguen agazapadas.
Sé la verdad: ese rostro
posterior, ese susurro oculto,
ese sueño, todo eso
soy yo, perdido entre entes, caído
en combate tras el bombardeo
igualitario.

Sobre editoriales y editados

¿Cómo publicar mi libro? Creo que debe ser de lo más buscado entre los autores noveles en internet. Y acaba siendo bastante desalentador el asunto. No, no eres nadie especial. Solo es especial el número de seguidores que tienes. ¿Tienes muchos? Enhorabuena, escribe lo que quieras que alguna editorial estará dispuesta a publicarte. Si eres poco conocido, si no tienes repercusión mediática de ningún tipo, reza lo que sepas. Si, además, tu libro es de poesía, te recomiendo también que creas en los milagro.

Esta entrada no pretende sumarse a todas aquellas que dan consejos sobre cómo publicar. Hay mucho y muy bueno en internet. Dudo que pudiera siquiera igualarlo. Tampoco soy una eminencia en el tema como para tener voz o voto. Querría, sin embargo, arrojar algunas ideas sueltas, analizar con mi pobre criterio la situación de las editoriales y de los autores, y el porqué de los libros, al fin y al cabo.

Es un hecho que el mercado editorial vive momentos convulsos. Si no se deja llevar por las modas, por las chispas o las menas de escaso mineral para obtener beneficios rápidos, las editoriales se nos mueren poco a poco. Un autor desconocido, por muy buena que sea su obra, no vende. Esto es un hecho que no voy a negar. Lo que me niego a creer es que la única solución para las editoriales sea la de acudir a autores famosos e influencers para mantenerse a flote. También me niego a creer que esta manera de actuar sea intachable.

Como es costumbre en mí, necesito comparar la situación del autor con la situación de otros profesionales (voy a obviar el innecesario debate de si la escritura es una profesión o no). Y es que yo no puedo dejar de pensar qué sería de la opinión pública si lo que le ocurre al autor le ocurriera a otros trabajos. ¿Os imagináis un médico que solo tiene ese puesto por ser famoso? Se pasaría por alto sus conocimientos en medicina y sus capacidades por el simple hecho de tener una masa contundente de seguidores. Gracias a la noticia se hablaría más del hospital, dicho hospital tendría más prestigio y las subvenciones y los beneficios aumentarían. Algo de lógica tiene, ¿verdad? Aunque supongo que lo que estáis pensando, más bien, es que no es comparable. Un trabajo nada relacionado con el reconocimiento o la fama no precisa de personalidades conocidas.

Permitid que siga con los ejemplos. Una situación similar vive el mundo del cine. ¿Cuántas veces se elige a un actor o actriz por su fama en vez de por su calidad? También se me podrá responder que un actor es reconocido y famoso debido a su calidad interpretativa. Pero, ¿es esto realmente cierto? ¿Cuántas veces se manifiesta la opinión de que alguien de Hollywood está sobrevalorado? ¿Y la desigualdad de salario entre actores y actrices? ¿No tendrá algo que ver con la concepción de reconocimiento de nuestra sociedad?

Y en cuanto a noticias se refiere, escucho a menudo críticas a la selección de sucesos. Es obvio que hay ciertos hechos, ciertos juicios y ciertas personalidades que reciben un seguimiento mucho más detallado que otros (a veces, incluso, nunca habremos tenido noticias de ciertos hechos de nuestro país). Las noticias surgen y caen no por su importancia real y por su necesidad para la sociedad, sino que surgen y caen dependiendo de la cantidad de visitas que generen, los espectadores que enganchen y, al fin y al cabo, los beneficios.

Suena cruel, sesgado, corto de miras y poco acertado que lo diga de manera tan tajante, pero hay que tener en cuenta que el dinero se está imponiendo a todo. Si algo da beneficios, poco importa todo lo demás. No quiero decir que esto sea siempre así, ni que suceda hasta las últimas consecuencias, pero ocurre, y más a menudo de lo que me gustaría.

Ante esto no pretendo criticar a nadie, ni editoriales ni muchísimo menos autores publicados. Unos luchan a contracorriente para que el mercado del libro se siga manteniendo y los otros se esfuerzan en su obra como nadie, hay mucha calidad entre las estrellas que publican, si sabemos discernir con cuidado. Todo lo anterior era para confirmar algo que sabemos todos. A partir de esta idea, me gustaría meditar sobre la solución que se está buscando ahora (la de publicar a gente con seguidores), y si habría otras opciones plausibles para las editoriales.

Y es que con la solución actual no dejo de pensar que se echa la culpa de manera indirecta al autor con respecto a las ventas de un libro. Importa mucho más los seguidores que tenga el escritor que los seguidores que tenga la editorial. Si echamos un vistazo rápido podremos ver que de manera general, son los autores los que tienen muchos más seguidores que las editoriales. En los pocos casos que sucede al contrario, si analizamos profundamente, veremos que tendrán muchos seguidores, pero poca repercusión (atienden poco a lo que publica la editorial y comparten poco sus contenidos). A efectos prácticos tienen pocos seguidores fieles que ayuden a publicitar los productos.

Por otra parte, los recursos de marketing se centran en la mayoría de ocasiones en publicitar la obra de formas y métodos bastante desactualizados: enviar ejemplares a periodistas, enviar a su vez resúmenes de las obras, organizar la presentación del libro, alguna tímida intervención en las redes sociales… Muchos esfuerzos y recursos en acciones que no generan tanta repercusión como un autor con muchos seguidores. ¿No sería mejor buscar formas de afiliar más fuertemente a los lectores con tu sello? Se podría crear seguidores no de tu marca, sino de las personas que conforman tu marca. Esto mejora la empatía entre seguidores y seguido y mejora la fidelidad de los primeros.

Lo que quiero decir es que no entiendo por qué las editoriales siempre ponen a los influencers al “otro lado”, siempre los buscan como autores. ¿Nadie ha pensado poner a una de estas personalidades a cargo de la sección de marketing de sus editoriales? Pensando mal, llego a la conclusión de que esta diferenciación es por la mala consideración que se tiene del escritor (el debate de si es una profesión sobre el que no iba a hablar). Las editoriales, si mi mal pensamiento me lleva por buen camino, querrían a un profesional para su sección de marketing, pero para escribir libros les valdría cualquiera con tal de que les consiguiera ventas.

No vamos a pensar mal. Prefiero entender que es un problema de compromiso laboral duradero. Es más fácil conseguir que publique contigo una de estas personalidades a que trabaje para ti de manera indefinida publicitando tus libros. Además, sería un trabajo laborioso. Habría que buscar una forma nueva de actuar en el marketing, teniendo a la persona como centro, no tanto a la editorial y sus obras. Pero cada vez que recomendara un libro, cada vez que leyera un fragmento o entrevistase en su podcast o canal de Youtube a un autor de la editorial, estoy seguro de que los resultados serían increíbles.

De este modo, se podría dar voz a autores de poca influencia sin la preocupación de las ventas que generaran, de eso ya se encargaría la personalidad contratada. Porque, últimamente las editoriales están pasando por alto mucha calidad debido a que carecen de seguidores. No quiero decir que los influencers no tengan calidad, sino que vernos obligados a publicar en exclusiva sus obras no es buena idea (como tampoco sería buena idea publicar solo a autores desconocidos). Si solventásemos esta barrera de otra forma, la recepción de manuscritos se volvería a centrar en lo primordial: la calidad literaria y editorial.

Porque, por otro lado, hay muchas editoriales que publican a todo tipo de autores. Pero sus afirmaciones me desalientan: publicamos a gente reconocida para poder publicar también a desconocidos. Ganamos en unos para invertir en otros. Centrar el marketing desde otro punto de vista podría equilibrar las ventas entre productos. Podríamos conseguir beneficios de todos en su justa medida.

Tal vez me equivoque en todo. Tal vez mi lado poeta dialogue con el tímido emprendedor que llevo dentro y sueñen ambos con startups honradas, de éxito y de calidad, pero pobremente fundamentadas. Sin embargo, día de hoy, le encuentro todo el sentido del mundo a mis palabras.

Agua

Ningún trance es más oculto
que la vivencia del agua. Quisiera
entrechocar vasijas con tal de liberar
espacios, pues mares encerrados
no son más que suspiros en la nieve,
vapor que atrapa el frío
y salta del aire a la tierra.
No quiero nutrirme más
sin el icor más lleno.